Dime con quien andas...

No me atrevo a completar la frase. No se si las personas que nos rodean nos definen, pero lo que si se, es que pueden ayudarnos a ser mejores día a día.

¿Qué es ser "mejor"? Bueno, definitivamente no se basa en lo físico. Tampoco es una cuestión de inteligencia, destreza, aptitud o voluntad.
Ser una "mejor persona" tampoco refiere a una competencia con el par, sino con uno mismo. Ser "mejor" que lo que solía ser, hace cinco minutos, hace un año, hace una década...
¿De qué hablo? De convicción.
Hablo de entender lo que nos hace felices y pelear por ello todos los días. Quizá también una cuota de altruismo, en tanto sea honesto.
Más que inteligencia, curiosidad, ganas de saber. Más que destreza, fortaleza mental para afrontar los momentos difíciles y disfrutar de los fáciles. Más que forzar aptitud, tener conocimiento y ejercer una sana explotación del potencial propio. Más que voluntad...vigor, ganas de hacer, ganas de ser... pero con toda la furia.

¿Qué rol juegan los que nos rodean? A sapiencia de que el Ser Humano es un Ser Social, que necesita de los demás para vivir, los amigos y la familia son la apuesta más fuerte en el desarrollo de un ente pleno y feliz.
Sin raíces, un árbol no puede crecer sano y fuerte. Arraigar desde la familia y encontrar nuestra parcela en el paraíso terrenal... debería ser la Ley Primera.

Los amigos son la institución donde uno se corrompe y se corrige constantemente. Corren con la desdicha de ser los conejitos de indias de cada una de nuestras macanas, pero todo se compensa con prueba-error-aprendizaje. Lo mejor viene después del último paso.

Son ellos los que nos elevan en la escala de nuestra mejoría. Son ellos los que nos enseñan las cuestiones fundamentales para encontrar el equilibrio entre el individuo y la sociedad.
Lo bueno de todo esto, es que es recíproco. Vos aprendés conmigo, yo aprendo con vos. Los dos sufrimos, obviamente... pero es que de eso se trata. Sin el primer tropezón, uno no aprende a esquivar las piedras.

La autoestima (no confundir con "egoísmo") juega de parámetro. Cuando es nula, nos desmerecemos. Cuando es excesiva, nos volvemos bestias narcisistas. El punto medio se encuentra en ese lugar en el que  somos iguales y diferentes a la vez. La dificultad está en discernir entre las últimas dos.
La igualdad reside en la Humanidad. Somos Seres Humanos. Todos sufrimos, reímos, lloramos, bailamos, cantamos, respiramos, soñamos por igual. Ninguno es más ni menos que otro.
La diferencia se aloja en el individuo. La subjetividad es la reina de las desemejanzas. Vos sos bueno para jugar al fútbol y yo para escribir textos larguísimos con mis opiniones. A vos te interesa mucho la Física y poco la Historia, pero yo se algo de Literatura y poquísimo de números y quizá él encuentre divertido leer sobre Medicina y le aburra la Música. Para mí, la lluvia trae buenas nuevas... para vos traerá melancolía. A mi me encanta el color rojo y quizá vos disfrutes muchísimo el azul.
¿Ves? Somos diferentes e iguales al mismo tiempo.
Los amigos te entrenan para tolerar estas diferencias y entenderlas como estandartes de nuestra unicidad, de la mera singularidad que nos hace especiales sin dejar de ser pares.

La magia de todo esto habita en saber que no son los demás los que te definen terminantemente, pero sí son los que te ayudan a hacerlo a tu medida, buscando tu lugarcito en el mundo.
"Dime con quién andas y te diré quién eres..."
Yo diría: "Dime con quién andas y te diré quién podrías llegar a ser, si sabes cómo aprender de ellos". Pero claro, mis frases siempre van a ocupar más de un renglón y eso no conviene a la memoria del Vox Populi (Risas, risas, risas).

Más que una reflexión, esto fue un agradecimiento.
A todos les deseo el hallazgo de amigos como los que -afortunadamente- tengo hoy. Estas personas me complementan, me enseñan y acompañan en cada paso. Puedo ser yo misma sin miedo, porque ellos me aceptan y quieren por todas y cada una de las cualidades y defectos que convergen en mi Ser.
Pasa esto, porque generamos un espacio de reciprocidad y bienestar. Yo los quiero sin condiciones, ellos me devuelven la misma moneda (y hasta a veces viene con intereses).
Por eso mismo, tratá a los demás como te gusta que te traten. Si son los 'indicados', van a saber retribuir cada pequeño o gran detalle casi sin darse cuenta.
Arriesgate, jugá, amá sin ataduras. Si te hieren o te desmerecen, entonces tenés la chance de tomar la enseñanza y hacerlo mejor la segunda vez. Si falla la segunda, tenés mil oportunidades más. No te canses hasta que encuentres a los que te hagan sentir único, auténtico, diferente e igual al mismo tiempo.

Vuelvo al inicio: curiosidad, fortaleza mental, conocimiento del potencial propio, vigor... peleá la vida con la fuerza de un león y formá una manada que te ayude a rugir cada vez con más energía.

Muchas gracias por tu tiempo.

Extrañar

Hola, volví.

No, mentira, nunca me fui a ningún lado.

Yo quiero mucho a las personas que me rodean. A veces me encariño tanto, que les asigno canciones. Eso nos pasa a todos, en realidad. "Uy, este tema me hace acordar a Pedrito por X motivo..."
Y bueno, es lindo asignar canciones a las personas, porque después cuando suenan en la radio o en el mp3 me acuerdo de ellas y las extraño.
Si, extrañar me resulta algo re lindo. Es feo estar lejos de alguien, pero extrañarlo es hermoso.
Extrañar es reafirmar el cariño, es corroborar que uno anhela la compañía de otra persona. Está buenísimo. Yo extraño con una sonrisa porque es más lindo así.

A los que ya no pueden volver, también los extraño con una sonrisa. A esos uno los trae con la mente y se puede tomar unos mates tranquilamente con ellos.
Marie y el abuelo a veces vienen a charlar un rato conmigo y ya para cuando se van, los extraño un poquito menos.

Yo aprecio el tiempo que paso con mis amigos, pero también el que paso alejada de ellos. El segundo intensifica al primero. Estar alejados implica desear el acercamiento... y cuando uno se acerca, lo hace con ganas, con alegría y con amor.

Me gusta que una canción me lleve a un lugar, a un momento determinado en el tiempo, a una persona. Me gusta escuchar un tema e imaginar que estoy en el lugar donde lo oí por primera vez.
A veces los olores, los sonidos, los colores... nos pueden transportar hasta los rinconcitos más olvidados de nuestras mentes. Y eso por ahí genera nostalgia.
La nostalgia no es fea. La nostalgia es extrañar algo que fue único.
A veces escucho a mi mamá hablar de cuando era más joven, de Buenos Aires, de una suma de personas, situaciones, lugares y momentos que no van a volver a ser iguales... y entiendo qué es la nostalgia.
Pero igual es lindo, porque uno puede sentir apego por esas cosas.

La melodía de un "te extraño" no se compara con ninguna otra sensación. El abrazo después de ella, se torna asesino de cualquier derrota de la vida.
Es bueno saber que somos entes con capacidad de sentir con tal magnitud. Sentir es lo que nos eleva por sobre las colinas más altas, hasta pensar que tenemos alas y podemos acariciar el cielo con la yema de los dedos.
Es por eso que el cariño se convierte en la forma más accesible de vuelo para el Ser Humano.

Y bueno, es así como expreso mi mayor gratitud al hecho de que mis allegados me inviten a rozar el firmamento a diario.

Abrazo de "te extraño" para vos, que me leíste hoy.
Gracias por eso.

Cosas del alma

Hoy ya no son las mismas ganas de pararme frente a vos con una lupa y decirte: "Recuperé la sonrisa y ya nadie me hace infeliz". Perdió la gracia y vos recuperaste la humanidad. No es cortesía mía, es una cuestión de tiempo.
Si alguien te impone condiciones para recibir su compañía y amor, estas dos pierden su sentido. Es más, me resulta absolutamente aberrante escribir "condiciones" y "amor" en la misma oración.
Me enteré de esto después de moldearme completamente a los antojos de otro Ser Humano para obtener su cariño. Patética la actitud de traicionar la propia naturaleza por obligación.
Como es sabido, ese amor no duró mucho. Tampoco me trajo más que esta lección... lo cual resulta positivo, ahora que lo pienso por escrito. "No hay mal que por bien no venga".

En algún momento hay que entender que los amigos no tienen la obligación de estar ahí cada vez que estemos mal. No, no hay ningún reglamento que diga que si mañana me duele la panza y no tengo alguien abrazándome para que se me pase, es directamente un traidor.
Es estúpido cómo la gente se pelea con sus amigos porque cuando los quieren ahí, tienen obligaciones personales que cumplir. No seamos egoístas.
Ellos están en las tristezas cuando tienen la fuerza emocional para sostenernos. A saber que todos sufrimos, a saber que todos tenemos problemas y todos necesitamos tiempo para asimilarlos y solucionarlos. A saber que tu tiempo no es mío por decreto, sino por placer tuyo.
La única obligación de los amigos es disfrutarse entre sí.

Tengo los amigos que quiero tener, porque después de tropezar mil veces con personas dañinas, encontré a los que me complementan. Encontré a aquellos capaces de hacerme sentir que siempre que haya un precipicio, se puede construir un puente. Ellos pueden recordarme por qué sigo en la aventura, con tan solo traerlos un instante a la mente.
Este escuadrón de asidua comicidad es la prueba viva de la existencia y funcionalidad de la palabra "apego" en el diccionario.
Se los deseo a todos.

Resulta que la única manera en la que el amor puede vivir, es siendo incondicional. No sabría decir si se puede contradecir esto, pero para mi, es como que dijera que puedo existir sin respirar.
Estas cosas siempre van a ir de la mano.
En fin, los únicos que merecen tu amor, son aquellos que no tienen ninguna intención de dañarte. Hay que ser un poquito zorros y estar atentos.

Muchas veces he visto que las personas pierden la confianza o sienten que ya no tienen capacidad de amar después de que alguien los daña.
Bueno, estimado lector, esto es casi tan triste como decir que jamás vas a volver a tomar agua, porque te quemaste la lengua con el mate.
Si yo tuviera que seguir esa regla, en este momento mis palabras sonarían hostiles y no las leería más que un internauta errante que cayó en mi blog por casualidad.
Escribo desde el amor, porque después de pensarlo bien, me lo he permitido a pesar de todo. Si, me han hecho daño usando el apego como correa. Me han atado a una soga de cariño y luego golpeado con el garrote del odio hasta el hartazgo.
He sufrido locura, de esas que no son lindas ni sanas. Me he visto obligada a mentir, a insultar, a poner los brazos frente a la cara, a modo de escudo. He dañado cual animal indefenso que busca protegerse a sí mismo.
Todo esto fue posible, porque yo lo permití. Yo dejé que todo esto sucediera sin ponerle un freno.
Bueno, así como ayer permití esa atrocidad, hoy me permito el amor. Es así como hoy me rodeo de los que usan el cariño para dar aire al alma, de los que realmente me quieren cerca.

Hablar de un "ayer" distante y de un "hoy" aliviador -a mi edad-, es algo extraño... pero las distancias entre lo bueno y lo malo siempre son relativas a la persona que los sufre como cotidianidad.

Para cerrar, diría que un amigo es ese Ser al que desatamos de toda obligación, al que dejamos ser libre. Sin libertad, no existe la amistad. Si yo te condeno a ser mi diario íntimo o mi psicólogo, estás cumpliendo una función. La amistad no debe cumplir una función, sino hacer presencia por la misma magia que es. Por ósmosis, por reciprocidad, por correspondencia.
No matemos la magia con esa necesidad egoísta de que los demás sean solo para nosotros.
Y así como la amistad no existe sin libertad, tampoco existe sin amor, que a su vez, no sería posible si hay condiciones que lo regulen.

Estas cosas deben nacer, crecer y fortalecerse adentro de cada uno de nosotros. Deben ser auténticas como el alma, libres por naturaleza y lindas, a raíz de las decisiones que tomamos para que eso suceda.


Muchas gracias por tu tiempo.

Los medios me regalaron miedo

Tengo miedo de los que hablan, porque hablando hacen daño.
De los que izan la bandera de la discordia, de los que juran lealtad a una tumba.
Tengo miedo de los que callan obligados, porque callando otorgan mucho.
Terror les tengo a los que toman las mentes más jóvenes,
para moldearlas a su imagen y semejanza,
siendo esta, la clara semblanza, de una turba de violentos sin misericordia.

Tengo miedo de los que ocultan, de los que eligen su desgracia.
Me atemorizan más los que gobiernan escondiendo las esposas,
los que conocen el pecado, pero no condenan al pecador.
Tiemblo de miedo ante los ignorantes, que deciden quién suma el parte.
Siento pánico de los micrófonos, siendo éstos, trampas mortales.

En estos tiempos de gris ausente, cualquiera puede tener razón.
Bajo el oscuro velo del olvido, la realidad descorazonada,
a quien nadie dio consideración, por ser favorable o despiadada.
Pero en el sótano de la desidia, hay una puerta que da a la luz,
mas si supiéramos ser valientes, hallaríamos la esperanza
de quien no teme ver la enseñanza como un fin.

Tengo miedo de los que callan, de los que hablan por dañar,
tengo miedo de los que educan con la guerra como estandarte.
Tengo miedo de los traidores, de los que buscan su propio bien,
de los que eligen la mala hierba y no se hacen cargo de su jardín.
Tengo miedo por vos, por mí y por los que vienen atrás,
por los que a lágrimas y sangre construyeron algo bueno.
Tengo miedo por el último intento de salvar a este pobre país.

Yo tengo miedo... y ese miedo nunca es sano.

Un enojo tonto

Venía yo de una generación que no necesitaba más incentivo para estudiar que la propia sapiencia, que el propio desarrollo y progreso.

Mamá y Papá me dejaban los religiosos diez centavos del "juguito", después de hacer los mandados. Era toda la recompensa que recibía y para mí, eso era enorme.
En el auge de mi economía a los nueve años, papá nos regaló dos pesos a Fede y a mí. La de caramelos que nos hicimos, era increíble. Los chicos de ahora no lo van a entender, porque la inflación mató la maravilla de tener la cara de Bartolomé Mitre en la mano. Ahora un Roca (o una Evita) es cosa de niños.

Mis viejos me enseñaron que hay que ser buen alumno y punto. Ese "y punto", quiere decir que uno no necesita una coima, un soborno, una recompensa por sacarse buenas notas. Ese "y punto", refiere a la autonomía, la bonanza, el crecimiento, la propia sabiduría, la capacidad de enfrentarse al mundo con la mente abierta y llena de conocimientos.
Hay que ser buen alumno y punto. Hay que sentarse a estudiar y punto. Hay que pelear las propias batallas y punto.
No nos obligaron jamás. Ninguno de los dos nos dijo: "Vos vas a terminar la escuela porque yo te lo ordeno". Por el contrario, lo que siempre rezaron fue: "Si vas a la escuela, tu futuro va a estar lleno de oportunidades".
No vale la pena forzar una determinación... ellos prefirieron darnos las herramientas para que nosotros decidamos. Nos estaban dando la chance de probar nuestra inteligencia y discernir entre lo conveniente y lo inconveniente: había una madera, un clavo y un martillo. Ellos nos dijeron: "El martillo sirve para hundir el clavo en la madera". Y nosotros descubrimos solitos cómo hacer el mueble.

Me dirijo a los conceptos nuevos. El otro día escuché a una chica en el colectivo, explicándole a su compañera que si no rendían todas las materias, les iban a quitar la netbook.
La netbook. La computadora personal que les entregan a los alumnos del secundario por terminar los estudios.
¿Saben qué me entregaron a mí? Un diploma y un pin con la insignia del colegio.
Encuentren las incontables diferencias entre una persona que aprende un concepto de memoria para recibir una computadora y una que estudia porque se muere de ganas de empezar la facultad. No voy a mentir, cuando rendí el último examen final del secundario, pensaba en el color de resaltador que me iba a comprar para arrancar la carrera.
Es claro que un aparatito portátil con conexión a internet es algo buenísimo y super emocionante, pero vamos a sacar el pollo del horno: hay pibes que terminan sus estudios sin darle importancia a lo que aprenden en el proceso, solo para obtener esa recompensa. Hay personas con título secundario que no te pueden decir qué carajo pasó en 1976 en el país, qué cuerno es un átomo, si dentro de una operación se resuelve primero la multiplicación o la suma, qué es el sujeto tácito de una oración o a cuántos grados hierve el agua.
Sonrío, porque se que mientras leías ibas mentalizando las respuestas a cada consigna. ¿Ves? A vos te importó lo que te enseñaron.

A mi, cuando mi profesor de matemáticas me daba operaciones super intrincadas, se me daba por decirle: "Flaco, yo voy a estudiar Letras, esto no me va a servir nunca."... César se me cagaba de risa y me contestaba: "Vos concentrate y traelas hechas".
¿Saben qué me pasó? En noviembre del 2011 entré a laburar en un drugstore y cada vez que tenía que hacer la caja a las doce de la noche, me acordaba de todos mis profesores de matemáticas, enseñándome maneras de simplificar ese proceso.
Es absurdo. Si te lo enseñan, es porque fehacientemente en algún punto de tu vida lo vas a utilizar.

Yo opino que, si a los estudiantes de secundario se les entrega una computadora al finalizar los estudios, a los universitarios deberían garantizarnos un puesto de laburo bien remunerado y super estable. Digo, para hacer balanza entre esfuerzo y recompensa.

La verdad de la milanesa es que en el momento me dieron ganas de pegarle un "tatequieto" (Nacho dixit) en la nuca a los retoños de simio que compartían el colectivo con la muchacha que escribe detrás del monitor, pero después me acordé que el ñoqui violento no enseña nada.
Me hubiese gustado sentarme a contarles que la mejor ganancia por estudiar es el saber... pero el saber no accede a Facebook, así que no está de moda.

Cierro este precario texto agradeciendo a mi Mamá y mi Papá (entendiendo que escribo esas dos palabras con mayúscula porque son términos sumamente importantes), por haberme educado de esta manera y enseñarme que nada nos frena, más que nosotros mismos.
Agradezco a mis maestros de primaria y profesores de secundaria por los conceptos básicos sobre el mundo y las montañas de paciencia que me tuvieron.

Y bueno, gracias a vos por leerme hoy!







Seis prácticas maneras de combatir problemas 1


Relaciones Humanas

Otra que la Teoría del Iceberg, salvando al tercero en discordia y con ganas de discernir con alguna que otra práctica social, venimos desde hace mucho tiempo peleándonos como perros y gatos a fin de resolver circunstancias que siempre terminan en un insulto. 
Como quien quiere la cosa, vengo a plantearles una serie de resoluciones prácticas a un problema simple que parece terrible: El altercado.
El nocivo altercado está entre los amigos, padres y madres, entre las parejas y los hermanos, rompe lazos entre naciones y violenta al más sereno. La finalidad de este texto es intentar matar al altercado para parir la discusión sana y el debate racional.
Cabe aclarar que cada persona tiene sus métodos, pero yo quiero proponer los míos para contribuir a las preciadas alternativas que tanto nos gustan.
Sin un orden preciso y con muchas ganas, abro así:


1- Pensar en frío. Ante cualquier situación que propicie la ira, hay que darse un espacio lo suficientemente grande como para enfriar la mente y despojarse de todo enojo. Es sabido que la bronca y la impotencia suelen ser madres de accionares como decir algo hiriente o violentar físicamente a la otra persona. Uno siempre termina pagando este tipo de cosas con arrepentimiento. 
Para esto, es necesario reclamar a la memoria una lista de positivismos por los cuales es necesario mantener una discusión fundada en la paz y la armonía. La música, una buena siesta o un momento a solas pueden marcar la diferencia entre un "te odio" y un abrazo.

2- Las palabras contadas. Es necesario usar las palabras justas en todo término. Ni más, ni menos. No inhibirse, contando con ello que jamás hay que recurrir al insulto, pero tampoco extenderse lo suficiente como para abrir nuevos caminos hacia la discordia. Si basta con cinco palabras, no uses diez.
Para esto, es necesario usar el tiempo de la primera consigna y enumerar los problemas (siempre razonables) que se van a plantear. Todos deben estar bien fundamentados, sabiendo exactamente cuales son los motivos por los que nos enojamos. Hay que ser claro y conciso, dar lugar a preguntas y mantener la paciencia al nivel más alto. 

3- Todo problema tiene solución. Cerrarse a ella es el error más común en el altercado. Si pensamos que ya no hay vuelta atrás, que no queremos volver a ver al mal llamado "adversario", que lo hecho, hecho está y nada puede cambiarlo... perderemos un aliado de la Vida y con esto, un pedacito de paz.
Si la gravedad de la situación impide seguir, hay que recurrir a la raíz del problema. La gramilla debe ser arrancada desde su raíz para que no continúe dándole aspecto de abandono a nuestro jardín. Hay que tomar la misma medida con la situación de enojo.

4- Dirigirse al otro con serenidad. El volumen y la intensidad con la que hablamos juega un papel importantísimo en la discusión. Luego de haberlo pensado en frío, tener el discurso exacto y saber que hay una solución, debemos cuidar los modos de expresión al máximo. Mirar a los ojos, no balbucear, hablar claro y proponer la relación como un fin que hay que cuidar. También es primordial tener en cuenta una lista de acciones claves para generar acercamiento: posar la mano en el brazo del otro, no fruncir el ceño ni cerrar los puños.

5- Las nuevas tecnologías son un arma de doble filo. Si bien nos unen en los buenos momentos, son capaces de separarnos en las malas sin ningún problema. Detrás del teléfono o de un monitor, uno no puede percibir más que el tono de voz o lo textualmente dicho. 
Lo preferible es que toda discusión sana sea cara a cara y lo más pronto posible al detonar el problema. De esta manera, podemos jugar con el contacto físico y las expresiones, con el volumen de la voz, explayarnos mejor y dar espacio al otro para hablar con comodidad. De este modo, también contamos solo con la memoria de las dos personas y no con un historial que se pueda releer para revivir la rabia. Lo interesante está en olvidar lo malo y guardarse todo lo bueno. 

6- Aceptar que uno no siempre tendrá la razón. En una disputa, es muy importante saber agachar la cabeza cuando el otro está en lo correcto. Hay que ser -en tanto podamos- justos e imparciales con nosotros mismos y con los demás. Para esto, hay que dejar de lado el hecho de que una discusión es una guerra donde un bando debe triunfar. La resolución del conflicto debe traer como recompensa una situación ganar-ganar y se debe cuidar el turno de habla de cada uno de los participantes.

Por último, quisiera dejar el mejor consejo que podría tener sobre el tema:
Siempre que una discusión termine bien, hay que coronar la victoria con un abrazo o un apretón de manos. No hay nada mejor que un acto de cariño para hacerle saber al otro que todo está bien. 

Para recordar:
Nunca pierdas un amigo donde podés ganar un lazo aún más sólido. Lo que no nos mata, siempre nos hará más fuertes.
Las relaciones humanas son un bien preciado que hay que ganarse con esfuerzo diario. Don't give up.

Gracias por leerme hoy.

Pequeños detalles que hacen cuenta de que estás creciendo

A tomar con absoluto humor.
Si queremos arrancar a una edad temprana, la ideal sería entre los trece y los quince años. Se supone que antes de eso, ni siquiera se debe mencionar la palabra "crecer" más que para hablar de arbolitos.
Así que paso ficha de esos pequeños -y algo horripilantes- detalles, que hacen que uno se avive de que el bichito del crecimiento está rondando por los pagos y no dudará en picar.
La invariable del sufrimiento etario nos concierne a todos por el avance que marca Doña Sociedad para diferenciar entre el "incluido" y el "excluido".
Ponele que lo agarramos por edades y contamos:

13-15 años: Ya no mirás tantos dibujitos, ahora te divierten más las sitcoms de Fox y Warner. Probaste el alcohol, te gusta un chico, una chica, ya saliste. El más kamikaze, regala los juguetes al primito o al hermanito menor.

16-18 años: Sabés, entendés, sos totalmente consciente de que te quedan monedas para terminar la escuela y eso te tiene paranoico. Te ponés a pensar en el futuro, en qué vas a hacer con tu vida después de Bariló, Bariló... capaz que hasta te empieza a interesar la política.

19-21 años: Tres detonantes compuestos por:
a) Tus amigos más chicos ya están terminando el secundario.
b) Ya fuiste tío.
c) Tus primitos, esos con los que jugabas a la pelota, ya están noviando por segunda vez.

22-25 años:
a) Al menos uno de tus amigos espera un bebé.
b) Descolgaste el poster de los Ramones, el de los Rolling ya está deteriorado y el de Jessica Cirio se parece más a la reina Isabel que a una modelito veinteañera.
c) Los boliches ya no son tan divertidos como antes.

26-30 años: 
a) Se casó hasta el más fiestero del grupo.
b) Los/as monos/as con los que compartís desde la secundaria/primer año de la facu, ya se recibieron.
c) Posiblemente ahora te re motive mirar el torneo mundial de ajedrez, ya te olvidaste los nombres de los 151 pokemons y estás en vista de un depto propio. Ahí te diste cuenta de que sos un garrón, agarraste a los pibes y te fuiste un sábado a Danhes, a bailar entre quinceañeros hormonalmente revolucionados.
Pará... ¿Danhes sigue funcionando?

31-40 años:
a) Segundo principio de la Termodinámica. No quería decir "desmotivación" ni "fiaca inconmensurable", ni siquiera el clásico "No hay ganas, mejor otro día..."
b) La cantidad de casorios (quizá de amigos más chicos y esos primitos que noviaban por segunda vez a tus veinte años) es inversamente proporcional a las veces que pudiste utilizar la palabra "Hipopotomostrosesquipedalofobia" (Me encanta, porque ni Google Chrome me la acepta) en tu vida.
c) Ya ni da tener el pelo largo e ir a ver el Gig de Megadeth en el Malvinas se siente como entrar en una guardería infantil de malcriados.
d) Los pibes de diecisiete hablando de la "old school" te dan más ternura que inspiración.

41-50 años:
a) La gravedad. Sí, la misma gravedad que te tironea el pelo mientras dormís, que te cria una chopera interesante de a poquito y que hace que las féminas apuntemos con todo el cuerpo hacia el piso. Dale... la piel de ahora no es la de los veinte... y por más que uno no quiera, el elástico se estira. Soy la Mona Giménez de las analogías berretas.  
b) Ya estás en planes de ser abuelo, pero más entrado en los cincuenta.
c) Los findes son más familieros que de amigos. No malentiendan, eso es hermoso.
d) Te pegan mejor los libros. Ahora entendés más que nunca todo lo que está escrito. Con la música pasa lo mismo. Y con los amigos, ni te cuento...
e) Los programas de preguntas y respuestas se te hacen un examen de quinto grado. Te comés "Salven el millón" con cuchara.

Y bueno, en adelante se sobreentiende que vienen los mejores años de la vida, disfrutando de todo lo que sembraste hasta ese día en el que decís: "¡La pucha, que vale la pena estar vivo!"
Todo esto nació porque uno de mis amigos más queridos (también el más joven del grupo) se fue a Bariloche y me picó el bichito de "estoy en el umbral de los veinte".
Puede ser que le haya errado, pero eso te abre la puerta a vos para que des tus propios detalles que hacen a la cuenta del paso de los años. Es más, sería muy divertido que lo hicieras.
Y bueno, cuando pienses "todo tiempo pasado fue mejor", acordate que siempre podemos ser como el vino.

Gracias por leerme hoy.
Ojalá los años te lleguen con muchas alegrías y que la vida te siente cada vez mejor.

El abrazo

Se me ocurre que cada parte del cuerpo mantiene una memoria aparte. Puede ser que no esté errada, pero no quiero leer nada al respecto, para poder escribir sin condicionarme.
Cuando uno ya sintió un abrazo, más tarde nace la necesidad. Es como si la piel guardara celosamente ese instante de comodidad y calidez, dándole un espacio singular a un hecho que pasa a ser parte de nosotros.
Es como el que tuvo sed y bebió agua. Después de haber probado el agua, la sed le resulta algo aún más vil.
También se me ocurre que uno puede relacionar ciertas sensaciones que, en esencia, son casi las mismas. 
Yo en invierno voy a la facultad con ropa apretada, para combatir el frío. Cuando vuelvo a casa y me cambio... la sensación del algodón tibio, de algo más holgado, de estar en casa y saber que nada malo puede pasar ahí... 
Esa misma sensación, llamamos Securitas Domus (porque recién estoy aprendiendo Latín y tiro palabritas al azar, como un bebé), la puedo llevar a millones de planos de la vida. Puedo compararla con un abrazo de alguien muy querido como un amigo o mis padres. Es básicamente lo mismo: El anhelo de seguridad, de calidez que deja tanto el hogar como esta acción.
En fin, yo diría que el verdadero hogar es donde uno puede sentirse bien y sin miedo, pero después tenemos un millón de sucursales nómades. 

¿Qué es un abrazo? Bueno, exactamente eso. El abrazo es la actividad que sacia esta necesidad física de contención y cariño. A su vez, es un pequeño hogar temporal para no sentirnos tan lejos de casa. 
En un abrazo te puedo decir todos los "te quiero" que mi boca no sabría expresar. Por ahí, las palabras no hablan tan específicamente como una caricia en un determinado momento.

Así que, dándole un significado a todo esto, cada uno de mis seres queridos construye una casita para mi a diario. 
Me gustan los abrazos. Me gustan todos mis hogares.
Es más, te acabo de abrazar con un texto sin que te dieras cuenta.
Bienvenido a casa. 

Suspiro ligero, un invierno sin motivos


Abrió la última puerta del pasillo.
Ulula el viento contra la ventana,
nadie cree haberlo escuchado.
Quemará la soledad cuando descubras
una última instancia de este pánico atroz,
el calce perfecto para una historia con final dudoso.

Dame tu cruz, toma mi espada y esta fría pared.
Entrégales razones para creer que no todo se ha visto.
Burdo, dudando si vale un acróstico mal habido
Ante estas líneas que hoy dedico, sabrás a qué.


Cuando tomes mi mano la próxima vez,
extiende una esperanza entre mis dedos,
gana un lugar en tu cielo para mí
aunque cueste la mismísima razón.
Razón, que a veces es mejor no tenerla.

Abre las alas y echa a volar,
lentamente, con la sensación de las caricias.

Siempre que tengas un buen argumento,
oscuro será únicamente el manto que cubra
la última justificación para senda locura.

Será, por mal, será,
a mis ojos que dieron con la luz de aquella mirada,
banal, que la luciérnaga cayó en pleno vuelo y no sabías.
Etéreo y ciego, quizá más perdidos que ciegos.
¿Sutil o vulgar mentira...?
Que cada vez que rozo tu piel,
urdiendo intrigas, las manos se me hacen melodía
en esta hermosa tarde de eclipse solar.

Tendrás pocas palabras, serán las necesarias.
Entenderán que no hace falta,
que basta solo con el alma hablando.
Una imprudencia volátil,
instinto desgarrador,
enemigo de la costumbre,
rugiendo cual tigre enjaulado...
Otra vez, cegando al sol.

¿A dónde vamos?

Hace poco más de un mes, alguien me preguntó: "¿Vos le tenés miedo a la muerte?"... y a mi me cuesta pensar esta clase de cosas. Son temas delicados que hay que procesar bien...

¿A dónde van los que ya no están?
Durante los pasados siglos, tratamos de encontrar respuestas en la religión. Hablamos de Purgatorio, Cielo e Infierno. Hablamos de una multitud de vírgenes y un santo cuidando una gran puerta de oro. Algunos hablaron de reencarnación y otros, de reinos extensos y paradisíacos.
Yo quisiera que dejaran ir todo aquello por un segundo y pusiéramos las cartas sobre mi mesa.
La muerte es una parte de la vida. Por supuesto que es la menos favorita de todos, pero no es más que ello. Quienes le teman, vivirán esperándola durante toda su historia. Y cuando llegue, aún así los tomará por sorpresa.
No vivan de acuerdo a lo que les espera después. Si están por cometer un acto perjudicial, no se detengan por temer la pérdida del Cielo... deténganse porque ahora, en esta vida, eso está mal y hace daño a otros.
Más triste que perder el Cielo del más allá, es perder el de más acá... el que poseemos desde recién nacidos y llamamos vulgarmente "Humanidad".
Nadie sabe lo que hay después, porque de ahí no hay regreso. En base a esto, se genera una mítica inútil que nos hace aún más débiles. Vivir hoy y nada más que hoy, sabiendo lo que pasó ayer y provocando un mañana conveniente, pero viviendo hoy.

Somos efímeros como las rosas del Asteroide B 612. Lo importante es marcar nuestra inmortalidad en los demás. 
Cada una de las almas que ocuparon los cuerpos de los que amé, viven en cada enseñanza, en cada tropiezo, en cada paso de mi sendero. Eso, querido lector, se llama "inmortalidad". Hacer que tu historia valga para ayudar a las demás.


Yo propongo interesarse más por marcar vidas, que por perder la propia.
Obviamente le temo a la muerte. No quisiera irme aún, porque hay un millón de cosas que quedan pendientes... por supuesto, soy una persona joven y a mi edad estamos endeudados hasta el cuello con la Vida. Pero realmente me preocupa muy poco si una suma de indeseadas circunstancias mañana me roba la chance de pagar todas mis deudas.
Prima ahora el hecho de dejar de ser la argentina número treinta y siete millones y algo, para convenir que mi nombre y mi apellido signifiquen algo. Aunque sea algo mínimo para un reducido grupo de personas... o para una sola... pero algo.

Le temo a la muerte, porque soy un animal... pero no la espero ni la pienso todos los días.
Hay cosas más importantes que aterrarse por una gripe o rendirse ante una crisis. Allá afuera hay Vida por defender, hay un mundo entero dedicado a nosotros... no vale la pena pensar en no existir, cuando tenemos la existencia en nuestras manos.

Me acabo de dar cuenta que el promedio de veces que uso la palabra "Vida" en mis textos, supera con creces a cualquier idea que tenga sobre ella. Perdón por eso.
De todos modos, gracias papá y mamá por dármela.

Gracias a vos, por dedicarme este momento.

Monologueando sin motivo, razón ni circunstancia


(I)

Pocas personas saben quienes somos en realidad. No se trata de saber cuál es nuestro color preferido o qué tipo de películas nos gusta mirar, sino algo más "auténtico".
Estas personas conocen nuestro pasado, pero no bajo el concepto de sucesos cronológicos de alguna época distante, no como un montón de recuerdos plasmados en la historia de uno, porque a esa información puede acceder cualquiera que pregunte "¿Qué pasó?". Hablo del pasado interior, de lo que sentimos al momento de los hechos, de cómo nuestras almas se curtieron al contacto con lo ajeno, con los cambios, con lo inusual, con acciones y reacciones. De qué fue lo que pensamos hacer, lo que sentimos que debíamos hacer y lo que terminamos haciendo.
Hay personas que se jactan de conocernos basándose sólo en prejuicios, o en algo que alguna vez dijimos. Hay otras tantas que creen que no hace falta ver detrás de las máscaras, o quizá sean demasiado perezosas y pretendan conformarse con una respuesta simple, con una banalidad, con una casilla, con un número. 
Todos somos tan "amplios", tan extensos y complejos, que el hecho de sacar conclusiones sobre un ser humano, sobre sus actos, sobre sus pensamientos y opiniones, podría ser condenado como una falta de respeto gravísima.


(II)

Quizá sea tarde para volver a escribir, quizá no. Todo lo que se es que sigo sintiendo ansias al ver una hoja en blanco y las palabras siempre salen de mí disparadas, apuradas por la irritación de haber estado tanto tiempo escondidas.
Antes pensaba que alguien más hablaba por mí, que había algo en el Universo que se apoderaba de mis manos y se expresaba en mis papeles, pero esas cosas simplemente no suelen pasar. 
Las palabras no son más que yo misma, entregándome al mundo. Me juego por cada una de ellas y jamás me arrepiento de dejarlas ir. 
Creo en la belleza de las personas por lo que hacen. Las acciones son la verdadera cara, el cuerpo desnudo de cada uno de nosotros. Lo que hacemos nos viste de príncipes o mendigos, pero lo mejor es que ésta es una moda que puede ser elegida por cada uno. 
Creo en el fracaso y después de mucho tiempo aprendí a no temerle. El fracaso no es el enemigo, sino el amigo sabio que nos enseña el camino para triunfar. 
Uno no debería bajo ninguna circunstancia dejar de hacer lo que desea, porque mutilar la naturaleza propia es un delito aún peor que el de creer que conocemos a los demás, no importa cuán cercanos sean. 
Creo en el error, creo que todas estas palabras por las que me estoy jugando, tienen su grado de error. No creo que las palabras condenen, creo que los actos -esa moda autóctona- nos ponen más al descubierto. 
Creo que hablé mucho y no dije nada. Es que todos estamos cada vez más separados de la expresión, de la autenticidad, incluyéndome: Soy la voz de quien no predica con el ejemplo. 
Estamos pegados a lo que pensamos que los demás quieren que seamos y muy separados de lo que realmente somos y queremos ser. No hay nada de malo en querer ser algo más. No admitimos muchas cosas, por este estancamiento intelectual y cultural. 
Creemos que no nos pueden gustar ciertas canciones, ciertas modas, ciertos colores, lugares, comidas... todo porque seguimos pensando en lo que a los demás les gustaría que seamos. Nadie entiende nada ya.


(III)

Algún día no daré vuelta la llave dentro de la cerradura. Algún día caminaré por las calles sin miedo de morir, de ser despojada de mis bienes materiales, sin ser dañada por un extraño.
Algún día las personas serán honestas con sigo mismas y con los demás. Habrá un tribunal que decidirá libertades bajo el ideal de justicia, el pronóstico nunca dará lluvia en un día soleado. Los ancianos y las personas de otras razas serán Seres Humanos. 
Algún día el amor realmente no conocerá límites. "Homosexual" no será una mala palabra, "matrimonio" no será sinónimo  de desgracia y podremos correr libres, lejos del opaco vidrio por el cual miran los que no conocen el amor. 
Algún día tomaremos las chances que se nos presentan, no existirá el miedo y las personas no necesitarán matar para vivir. La muerte será solo una parte de la vida, la vida será la prioridad primera y estaremos desnudos frente a la magnificencia de la Naturaleza que nos parió. La inmortalidad solo será para los que nunca la hayan buscado, marcando pasos mientras se creyeron efímeros. 
La gente leerá los libros que escribimos y entenderá que éstos existen porque tenemos algo para decir. Algún día tus palabras tendrán el peso suficiente para dejar de ser propiedad del viento. 
Algún día dejaré de esperar que las cosas cambien, dejaré de temer a los cambios y comenzaré a provocarlos. 
Será ese el día en el que miraré en los ojos de cada Ser y veré Vida. Será ese el día en el que las palabras realmente importantes comenzarán a escribirse con mayúsculas, el día en el que las palabras que ya se escriben con mayúsculas dejarán de ser importantes. 
Dejaremos de existir y comenzaremos a vivir. 
Dejaremos de esperar y comenzaremos a buscar. 
Dejaremos de caminar y entonces, sólo en ese entonces... volaremos.

El discurso que olvidé decir

Llena su copa y se levanta de la silla:

Propongo un brindis:
Mis padres me criaron en el ambiente que consideraron más sano. Me dieron un barrio seguro, todos los caprichos que tuve desde chiquita y me enviaron a una escuela católica, que tenía fama de ser una de las mejores opciones en cuanto a educación.
¿Saben?, la escuela enseña más que Matemáticas, Lengua, Historia y Geografía... es el primer lugar en el que aprendemos a interactuar con otros Seres Humanos en nuestras mismas condiciones, de nuestra misma edad... y con ello, a convivir durante años con las mismas personas, a mantener las relaciones frescas y saludables, porque estamos obligados a verlos a diario. Es un desafío aún mayor que el de aprobar las materias impuestas o el de levantarse todos los días a las seis de la mañana.
Nunca fui una persona superficial. Siempre que alguien me ofreció su amistad, la acepté sin apuntar a su forma de vestir, de expresarse, de vivir... y a raíz de esto, no conocí la soledad absoluta.
Allí conocí muchos individuos valiosos y otros tantos que me enseñaron la primera lección importante: No todas las personas son buenas.
Durante la primaria en el Colegio "Nuestra Señora del Huerto", tuve una sola amiga. Era la única persona con la que me sentía totalmente cómoda: sencilla, buena alumna y desinteresada de la opinión ajena y las costumbres de interacción social que se guiaban más por la apariencia que por la personalidad. Ella era tan parecida a mi, que en algún momento dejé de ser 'Mercedes' y pasé a ser parte de "Mari y Mer". Eso, para mí, era una bendición. Pasábamos las tardes enteras jugando juntas y no había nada que pudiera separarnos.
El resto de los chicos dejaron mucho que desear. Nos trataban de "inmaduras", por nuestras conversaciones, donde primaban personajes de dibujos animados y películas infantiles. Teníamos once años, ¿de qué otra cosa podríamos hablar?
Cuando pasamos al secundario, se volvió aún peor. Un grupo de chicos más grandes nos veía pasar y siempre se reían de nosotras. "Lesbianas", "Patéticas", "Balas"... lo mejor de toda esa historia, es que a ella no le importaba. Nunca le importó que nos dijeran esas cosas, porque ella estaba muy segura de quienes éramos y cuán bien nos sentíamos paseando juntas por el patio de la escuela. Toda la vida admiré esa capacidad de dejar que las cosas malas no la afectaran más que las buenas.
En fin, a los trece años me separé de ella, porque empecé a pensar como los otros energúmenos. En la última conversación, creí haberle dicho: "No podemos seguir jugando al Rey León, ya estamos grandes...". Si ella me viera hoy, se mataría de la risa de lo que dije seis años atrás.
Como paga el que invita, en un momento me di cuenta de que esa no era yo. Mis compañeros discriminaban a diestra y siniestra, no hablaban con alguien a menos que fuera un role model adolescente y por lo general, pensaban que los chicos de escuelas públicas eran unos burritos.
Mil veces le dije a mi mamá que ya no quería estar ahí. Mil veces ella me dijo: "Terminá la escuela ahí, no les des bola..." y mil veces la ignoré. Cansada de toda la violencia verbal cuasi disimulada, en noveno grado dejé de tomar notas, dejé de hacer tareas, dejé de estudiar... y como en esta clase de instituciones no aceptan repitentes, logré deshacerme de todo ese peso. Pasé los siguientes tres años en escuelas públicas.
Más allá de todo lo que aprendí sobre jamás dejar de lado a una persona por condiciones socio económicas, es decir, totalmente triviales... me instruí aún más en cuestiones que priman en el desarrollo de un ciudadano, como ser la política y el conocimiento de los derechos.
Lo único lamentable, es que aún seguía el pensamiento absurdo acerca de las nocturnas. "Están llenas de delincuentes y vagos", decían. Yo crecí pensando eso, hasta que me tocó terminar el quinto año en una de ellas.
La Escuela para Jóvenes y Adultos "Lorenzo Miguel", no era ningún refugio para canallas y ex-convictos.
¿Saben qué? Estoy muy orgullosa de haber llegado a ese lugar y jamás voy a olvidar lo que viví ese 2011.
Conocí una mujer llamada Patricia. No se si me alcancen las palabras para explicarles esto, pero ella fue el detonante de mi filantropía.
Ella siempre repetía: "Yo soy un cero a la izquierda". En el laburo la destrataban, en su casa estaba muy desvalorizada y realmente creía que no servía para nada. Pero muchachos... una persona que pisa sus 40 y tiene el valor suficiente para enfrentarse a la ignorancia y vencerla... jamás va a ser un cero a la izquierda en ningún ámbito de la vida. Pato fue la razón por la cual decidí que nunca me iba a dar por vencida con los que tienen el corazón lleno de sueños. Ella hoy tiene su título secundario, después de mucho esfuerzo y dedicación... y me enseñó que nunca es tarde para dar un paso más. 
Me abrí también a Jackie, quien me enseñó que uno puede darlo todo por amor y nunca debe conformarse con lo que no le hace feliz. Leila, que me ayudó -con poquísimas palabras- a superar un tropezón reciente, por el cual el mundo se me venía abajo. Bren, que nunca dejó que me faltara la sonrisa cada noche de clases. Lucía, madre-leona, incansable luchadora, inspirándome aún más fuerza. Y así, cada uno de mis compañeros tenía algo importante para regalarme, aún sin saberlo.
Nunca encontré a los delincuentes. Nunca me crucé con una persona desagradable y jamás, en los nueve meses de clases, conocí a alguien que no tuviera nada para dar.
Un año me bastó para entender todo lo que jamás me había planteado. Un año me dio la fuerza mental para sentir que no hay muro indestructible, ni Ser Humano vano.

El 5 de diciembre del 2011 recibí mi diploma. No, no tuve una colación de uniforme, ni una recepción de vestido largo. No tengo fotos endiosada, ni tuve un peinado griego... pero esa noche tuvimos una pequeña celebración íntima con los maestros más apreciados de mi historia... y es algo que no cambiaría jamás. 


Hoy quiero brindar por la diversidad, por las vueltas de una vida que no se cansa de enseñarnos y por cada una de las personas que me tocó conocer para ser quien hoy soy.
La frivolidad no deja moralejas. Las princesas no tienen más final feliz que un príncipe hermoso, un castillo enorme y una multitud de sirvientes. El resto de la historia se la pasa envejeciendo sin trabajar, con la única meta de su vida ya cumplida y viviendo de las proezas de su esposo.
A nadie le importa dónde cursaste tus estudios, mientras hayas aprendido lo suficiente para valerte por vos mismo. A vos no te influye el nombre del establecimiento, sino los nombres de las personas con las que forjaste amistades.
A mi me enorgullece haber formado parte de esta experiencia, de no cerrarme a los mitos e ir por las respuestas a todas esas preguntas que pensé, estarían inconclusas de por vida.
Gracias por darme el único motivo para querer ser parte de esto. Gracias por enseñarme que el amor no se termina en uno mismo, que cada Ser Vivo tiene una propuesta para cambiar mis planes, que las oportunidades no se terminan más que cuando uno lo decide.
Gracias por hacerme una mejor persona, sin siquiera haberlo programado como parte de sus logros.

A la Cuarta Promoción de la E.S.J.A "Lorenzo Miguel", con todo el cariño que mis palabras puedan brindarles.