Un cortado con azúcar

A veces hay que abstenerse.
Hay un momento para tomar decisiones y siempre hay que considerar que todas ellas van a cambiar nuestro entorno de alguna manera. Todo lo que pasó antes fue aprendizaje, todo lo que pasará después será consecuencia. El ciclo se repite constantemente.
Las consecuencias se pueden remediar, mas desear un "hubiera sido" resulta vano.

Aprendí que cuando uno se siente incapaz o ha agotado recursos, tiende a negar hasta su propia naturaleza.
Me he sorprendido al escuchar lo que emana la voz de alguien cuando está frustrado. "Igual, yo soy un cero a la izquierda"... "qué más da, si no me da la cabeza para hacerlo".
Nada de eso es real.
Lo único real, lo único verdaderamente nuestro es el ciclo. Aprendí, decidí, sufrí la consecuencia, aprendí...

Los problemas de la vida deberían verse como las Matemáticas. Odio las Matemáticas, pero el recurso aplica: ecuación, resolución, [revisión de errores, corrección]^n*.
En algún momento llegaremos al resultado.





* A la enésima. Todavía no aprendí a hacer superíndices.

Flor de texto

Las relaciones humanas cumplen una sola función: satisfacer nuestra necesidad como Seres sociales. Pero ojo, que la situación no está tan helada.

Nos gestamos durante un período de 7-9 meses unidos a una persona por el cordón umbilical. Cuando nos separamos, se corta ese nexo físico, pero el lazo con la Humanidad sigue intacto. Como su tuviéramos un cordón invisible que nos une al resto de los Seres Humanos y nos liga aún más a los que elegimos como "Seres Queridos".

La verdadera razón de las relaciones reside en el bienestar. Dos personas se unen para compartir, para hacer a la felicidad mutua.
Cuando la relación florece, hay que saber cuidarla. Las raíces de nuestra flor son el amor, el tallo es el compañerismo y los pétalos serían la confianza. Todos sabemos que cuando los pétalos de una flor caen uno a uno, la pobrecita se vuelve fea.
Para sostener estos pétalos, hacen falta acciones. El cáliz de nuestra flor son las acciones.

Entonces ahora tenemos tres sujetos: dos personas y una flor. Es tarea de los dos elegir cuidar un cardo o una orquídea.

Ustedes sabrán cuidar sus flores a su manera, no soy quién para proponer una doctrina... pero quizá esto sirva:
No debemos pelear por el curso del viento, sino debatir sobre la posición en la que nos conviene apuntar nuestra vela, para que el barco nos lleve a tierra sanos y salvos.

Recuerden que el amor es una recompensa: debemos saber ganarlo, cuidarlo, valorarlo y retribuirlo.

Espero tengan un jardín repleto de vida y color, mas nunca lo dejen marchitar.
Gracias por leerme.

Pesadilla


Ya me pasó antes y no se por qué lo sueño.
Estoy tranquila, haciendo mis cosas. Me encuentro amigos, todo transcurre muy bien y el Universo en el que estoy es idéntico al real, al que ocupamos en este momento.
Vuelvo a la réplica onírica  de mi departamento, ceno con mi familia perfectamente representada (ningún truco, todo el tiempo siento que estoy despierta) y me voy a dormir.
Cuando llego a mi cuarto, empiezan a pasar cosas raras. No les doy pelota, porque son casi nimiedades... cosas como que se cae un muñeco o se cierra la puerta con la brisa del ventilador. Cosas mundanas.
Me acuesto en mi cama onírica y las cosas se ponen muy hardcore. MUY hardcore. No me llego a dormir, pero la luz está apagada. Las puertas se azotan con fuerza, las cosas se mueven y corro a la pieza de mamá y papá, a buscar a los primeros protectores. Evidentemente es un día entre semana, porque papá no está en casa.
Trato de gritar, pero calmada, cosa de que sea lo que sea que esté allá afuera, no me escuche nerviosa.
Cuando mamá se despierta, las cosas aflojan... no son tan alevosas  pero por lo menos se mantienen el tiempo suficiente como para que mi familia me crea.
Mamá me dice: "Siempre te pasa esto en el verano" y no le erra... la versión onírica de Alicia se refiere a anteriores sueños idénticos a este: una suerte de poltergeist obsesionado conmigo.

Los que han tenido pesadillas realmente aterradoras, por las que se han levantado con la peor angustia en el pecho, me van a entender de lo que hablo.

Bien, pasa todo un día más o menos tranqui y llega la noche. A la hora de comer, nos estamos sentando a la mesa y yo constantemente siento algo que me toca los hombros y me tironea mechones de pelo. Bien, mientras más lo niegue y lo ignore, menos va a existir.
Ahora está mi papá en casa (giro típico en un sueño, personas que aparecen y desaparecen rompiendo la lógica de la trama). Se están por ir a dormir y le ruego que me deje dormir con mamá. La desesperación, el pánico y las ganas de llorar eran muy intensos.
En la pieza todo se puso peor... los cuadros se movían, las puertas se azotaban, la ventana se rompió, volaban cosas de un lado al otro. Yo empecé a gritar que ya no quería vivir... el terror de esa situación es peor que el de la realidad.. ahí sabés que no escapás... o te agarra, o te agarra.

Aparece. Da la cara por primera vez en dos años del mismo sueño.
Es una cosa... a ver cómo lo explico. Es como un gordito con bigotes demasiado tupidos, con mucha cara de hijo de puta. Tiene un ojo de más en la frente, pero no como en las películas, sino deforme y tirado para la derecha. Tiene la piel y el bigote grises, pero usa un traje de colores muy locos, con joyería rara y un bastón.
Me desespero al tenerlo ahí. Está flotando y diciéndome cosas horribles... cosas como que me va a atormentar hasta mi muerte. Agarro una estampita de la Virgen (mirá cuál es la primera reacción: mucho Hollywood) y le toco la cara. Se ríe... la estampita no le hace nada. La agarra, mira la imagen y me dice: "¿Esta? Esta es su 'primera' reina..." está por continuar la frase con algo como "y yo soy..." y lo interrumpo, porque no lo quiero escuchar, gritándole "¡Esa es la UNICA reina!". Se ríe... miro la estampita y la cara de la Virgen y el niño Jesús estaban quemadas. Listo. En ese momento era como que si eso no funcionaba, tampoco iba a servir de nada ocultarme atrás de un mortal.

Salgo corriendo de la pieza de mis viejos y llego a la mía. El televisor se prende de la nada. Él está ahí.
Me empieza a hablar, no recuerdo lo que me dice, pero me aterra. Me muestra imágenes de gente a la que había torturado. Un tipo corriendo mientras vuelan cosas a su alrededor... le pido que pare. Para las imágenes y aparece de nuevo él. Empiezo a llorar y aparece mi abuela atrás... aparentemente ella no ve las imágenes, solo yo las puedo ver... entonces le pregunto: "¿Podés verlo?"... "No", me dice, "pero yo te creo". Le replico: "Sacalos a todos del departamento, yo después te explico lo que estoy viendo".

Le pregunto el nombre y qué quiere conmigo... me dice que se llama "Shikohiba" (no me extraña para nada la locura de que el nombre suene japonés, porque vivo mirando animé). Creo que le pregunté dos veces, porque lo dijo medio bajito, esperando que me acerque a la pantalla.
En un momento es como que está dando una "frase final" y siento que va a salir del televisor, entonces quiero apagarlo. Aprieto el botón y me doy vuelta para correr, pero el sonido sigue, así que vuelvo a enfrentar al aparato y él sigue ahí.
Ya no hay nadie en casa... en ese momento ya lo había perdido todo. No se en qué lugar de mi mente me obligo a despertar...
Todavía estaba somnolienta, así que hice fuerza para levantarme y prender la luz. Si me dormía, iba a volver al sueño.

Fui al comedor, esperando encontrar alguien a quien abrazar... terminó siendo Nika. Le dije algo como "ya pasó, ya estoy acá y acá no me puede hacer nada".
Y acá estoy.

Versos con olor a campo


A principios del 2006 (tenía 12 años, aproximadamente) me fanaticé con el libro "Pai Luchí" y escribí esto. Yo creo que si la Humanidad tiene sus registros de las primeras escrituras, este sería el mío.


Locro en el granero

Prenda la vela, sin preguntar dónde estamos.
Míreme a los ojos, sin ver por dónde caminamos.
Acá está mi mano, la tormenta no es eterna.
¡Upa!, que se nos apagó la vela.
Vuelva a prenderla, que hay apuro.
No se demore, yo lo apresuro.
¿Qué canta el gallo, que no le entiendo nada?
¡A la mierda!, que es la criada.
Nos hace señas desde la puerta,
dice que quiere dejarla abierta.
¡Upa!, que no es saludo de agostero,
vió que le está hablando al casero.
Si no veo mal, eso es una alarma,
¿o el es casero apuntando el arma?.
¡Que lo tiró!, viene sin cara de bueno,
nos quiere bien fuera de este terreno.
Oiga, amigo, prenda la vela,
que este casero viene con la abuela.
Vamos a armarles un buen banquete,
pa' que el casero no nos rete.


El matrimonio de doña Inocencia y don Malicia


- Corra, corra hijo, que no llegamos.
- Pero mamá, ¿a dónde vamos?
- Que se casa doña Inocencia.
- Pero amita, téngame paciencia.
- Doña Inocencia no espera.
- ¿Se casa con la primavera?
- Que no, hijo, es con Don Malicia.
- ¿Y va la señora Avaricia?
- Que anda con gripe la señora.
- ¿Gripe asistirá a la boda?
- Pero no, hijo. Don Gripe se queda en casa.
- ¿Y no le importa si su señora se retrasa?
- Que no. Corra, hijo, que hay mucho por andar.
- Pero, madre, Inocencia puede esperar.
- ¿Para usted, hijo?, la inocencia no espera.
- ¿Cómo que no, má?, si no se casa en primavera.
- Le he dicho que es con Don Malicia.
- ¡Cómo corre la noticia!
- ¡Pero si esa es la pareja!
- Más que pareja, yo diría dispareja.
- Hijo mío, usted no entiende.
- Entiendo, madre, que usted no explica.
- ¿Qué no explico con coherencia? 
- La pareja de Don Malicia y Doña Inocencia.

La razón


Esto es una canción que encontré en un cajón, mientras tiraba papeles... la voy a dejar acá.


La razón del sol es el día,
de mi infinidad, la ironía.
Del día a día,
la razón es mi felicidad.

De mi canto, tu risa es la razón,
de la magia y el arte, la inspiración.
De la amistad, la razón es el amor.

Y si el alma se emociona y grita con pasión,
te aseguro, esa sería mi razón.
Cuando el tiempo cura las heridas, el dolor
se hace chico, porque esa es su razón.

La distancia no anima,
pero la estima se hace más fuerte
cuando la suerte te da el encuentro
que tanto esperás.

El lugar que se adueña
de esa pequeña parte en vos.
Tu razón en la vida quizá
nunca tuvo una razón...

Si el río llega hasta el mar,
nunca tuvo miedo de crecer,
porque nada nos frena
al encontrar nuestro lugar.


La razón del sol es el día,
de mi infinidad, la ironía.
Del día a día,
la razón es mi felicidad....

Acá vas a leer mucho la palabra "Amor"

El Amor es una energía renovable.

Las comidas de mamá, los abrazos de una abuelita, una anécdota de la juventud de papá y la risa de un amigo. Todo es energía que se transmite: se da y se recibe.
El Amor se transmite con los cinco sentidos. Los sentidos son los lazos del Ser Humano con el mundo. Cuando alguno falla o se carece de él desde el nacimiento, los demás se hacen más fuertes para que nunca perdamos nuestro cable a tierra.
Si no estoy demasiado equivocada, puedo concluir que la mayor parte del tiempo estamos dando y recibiendo Amor. Nada fuera de lo cotidiano: el Amor abarca desde una caricia hasta mirar un amanecer, desde el olor de una flor hasta alguna melodía que alguien dejó por ahí, para que el aire se bañe en ella y la propague a lo largo y ancho de su cuerpo etéreo.
Quisiera pensar que el Amor es el motor que está en el centro de la Tierra. Se alimenta de todo lo bueno y lo malo... y mantiene al planeta en esta transmisión constante de energía.
Nadie lo pierde... nadie puede perder el Amor. Está en la carne, está en el agua, en el sol, echa raíces por todos lados y es imposible detenerlo. De todas formas, ¿quién quisiera detener al motor del mundo? Si este mundo es algo maravilloso.
Está en vos, en tu espejo, en tus allegados, en los desconocidos, en el arte... ¿El trabajo de equipo en un deporte o proyecto? Adiviná con qué se sustenta...

Con todo el respeto que las glándulas secretoras de dopamina se merecen, el Amor es energía. Y como todos los seres son energía, quiere decir nada más y nada menos que nosotros somos... exactamente.

Muchas personas tienen un dios. No es un hombre barbudo ni un pelado panzón. Esas son las cosas que uno se imagina cuando dice "dios". El dios de las personas es el Amor representado en una figura y con un nombre específico.
No es mi intención ofender a los religiosos, sino buscar un acuerdo en ese punto. Llamalo Dios, llamalo Hashem, Alá, Anansi, Zeus, Bomazi, Atum, Inti, Odín, Roberto si querés... pero lo que representan todos estos nombres es una misma cosa: la Creación, la maravilla del mundo, el mismísimo Amor del que veníamos hablando.
Los libros están escritos por los humanos, por eso hay tantos problemas. Unos consideraban que era mejor no comer carne de cerdo, otros creían que las vacas eran sagradas y quizá en algún otro libro decía que la pastafrola era diabólica... los libros disienten, se contradicen y contrastan unos con otros. La verdadera razón que los llama a la religión es el Amor. La búsqueda y el gozo de éste.

Así es como este motor ha adoptado formas y nombres, se ha desarrollado, ha crecido y hemos crecido con él. Mientras sepamos que existe, que fehacientemente está ahí, va a seguir renovándose.

No solo es una pareja, un amigo o tus familiares... Amor sos vos mismo, lo que te rodea, lo que te gusta, lo que sentís, lo que te es inevitable como la respiración.

Este motor, inclusive, se representó en las palabras que acabo de escribir como Ser del Amor... y vos ahí, leyéndolas, bajo la misma calidad.

Gracias por hacer que esto funcione.

Sabrina y sus dos gatitos

El otro día hubo una actividad en distintas escuelas, que constaba de grandes leyéndole a los más chiquitos. Mamá me pidió que vaya al jardín de Delfi, pero por una u otra cuestión, no se dio.
Esa tarde escribí un cuentito, que después pensé que sería más apropiado para nosotros, los grandes.
Esto no es al azar, sino una aprendizaje que me tocó experimentar y que me gustaría compartir, por si alguno se siente solito en el papel de alguno de mis personajes y necesita un ratito de comprensión.


 Sabrina y sus dos gatitos

Cuando Sabrina cumplió nueve años, sus padres le regalaron un gatito al que llamó "Bigotes".
En realidad, ella había pedido "una mascota" pensando claramente en un perro. La decepción al ver al pequeño felino con su collarcito celeste... fue terrible.
Durante siete meses, Bigotes la buscaba por toda la casa para jugar, pero ella lo espantaba con un golpe en la cabeza. El minino no entendía por qué su amiga humana no lo quería, pero seguía intentándolo una y otra vez.
Al cabo de mucho tiempo e incesante desdén por parte de la niña, Bigotes entendió que ya no valía la pena seguir anhelando su cariño y se escondió abajo del sofá, para saber si ella aunque sea lo extrañaba un poquito.
La mamá de Sabrina se puso loca. Lo buscó por todos lados y no logró encontrarlo. Entró a la habitación de la muchacha, esperando que estuviera con ella, pero tampoco hubo caso.
Bigotes sufrió el infortunio de escuchar a la niña gritar: "¡Es mejor que se haya perdido ese gato feo!".
Con la cara llena de tristeza y maullando una canción de desamor, el gatito se escapó de la casa y no regresó jamás.

Dos años más tarde, Sabrina le contó a sus padres que extrañaba a Bigotes, así que ellos le regalaron otro gatito, con la condición de que lo cuidara mucho. Lo llamó "Gruñón", por la expresión típica de la raza "Persa".
Gruñón no era como Bigotes. Gruñón era todo lo contrario a Bigotes. Este antipático bicharraco detestaba las caricias, nunca estaba de humor para jugar y siempre la lastimaba con sus garritas.
Cuando Sabrina dormía, Gruñón se escabullía dentro de su habitación y le tironeaba los pelos, le rompía los juguetes y le robaba las pantuflas.
Siguiendo la condición de sus padres y extrañando más que nunca a su anterior amigo, Sabrina siempre abrazaba a Gruñón a pesar de sus ataques... le daba amor, lo alimentaba y lo invitaba a jugar, pero no había caso... este animalito no quería nada de eso.
Ella dejó de intentarlo y, desde ese momento, convivieron sin siquiera mirarse, sintiendo incomodidad en su propia casa, hasta que se olvidaron el uno del otro.



Yo creo que Sabrina entendió al final.
Si te encontraste con un Bigotes alguna vez, lo sabés bien. Cuando alguien te da su cariño incondicional, lo mejor es disfrutarlo y corresponderlo, porque no todos los gatitos del mundo son como Bigotes.
Si somos personas negativas y conflictivas, los Bigotes llegan una vez cada muerte de obispo y nos son enviados para que aprendamos lo que es el amor.
En cambio, si somos seres de luz, llenos de vida y alegría, es más común que atraigamos a esa clase de amistades cariñosas y lindas.

Si alguna vez encontrás un Gruñón, lo mejor es saber que esa clase de gatito no merece el esfuerzo. Aquellos que son amados con intensidad, pero no son capaces de verlo, siempre nos harán sufrir... y nunca debemos someternos al dolor por propia voluntad, porque siempre terminará volviéndonos fríos e insensibles.


A todos los Gruñones del mundo les deseo encontrar la paz en sus corazones... y a todos los Bigotes, no menos que un agradecimiento enorme por ayudarnos a entender que si queremos a alguien, lo mejor es construir un espacio de respeto, apoyo, cariño y bienestar. Ustedes son únicos y le dan combustible a la máquina que mueve al mundo.

Gracias por leerme.

Indicame el camino

(Una trágica historia de amor para aprenderse los tiempos del Modo Indicativo)


Ayer todo fue tan simple y perfecto,
te busqué, me encontraste y coincidimos.
En aquella plaza que nos vio a los mimos,
conocimos lo que ellos llamaron 'afecto'.

Ayer, antes que hoy y mañana,
te hube conquistado con mil rosas,
te hubiste mostrado dichosa,
y hubimos mordido la manzana.

Ayer he estado perfectamente compuesto,
te he regalado un anillo de oro,
me has rechazado diciendo: "tesoro,
lo nuestro no ha sido más que un lindo gesto".

Ayer se volvía imperfecto,
mirabas mi rostro y veías defectos.
Yo sufría tu distancia abyecto,
mas sabía, no valía nada este "lindo gesto".

Hoy te pienso y te extraño callado,
mi vida es tan triste desde aquel adiós.
Sé que no esperas nada de mi lado,
ahora siento que ya no soy dos.

Mañana te volveré a encontrar
seré otra vez tu paz y tu abrigo,
pero mañana será aún más perfecto,
yo me habré casado contigo.

Supe que me diste una condición:
"¿Me querrías aún siendo tan fría?"
Otra vez, vamos a la perfección:
"Te habría amado más todavía".

La calma

Me miraste a los ojos, me contaste una historia
y todo se detuvo para nosotros.

Aunque el tiempo pasaba
y los amigos reían a carcajadas
detrás de la puerta,
ya nada existía alrededor.

Tu respiración en mi oído,
el cálido manto de tu cuerpo cubriéndome
y quietud... pues todo se detuvo para nosotros.

El reloj goteaba los untuosos segundos
que separaban la culpa de la expiación.
El silencio derogaba al pecado,
litigando con la razón ya muerta.

Los pájaros cantaban con fuerza,
hubo una flor empapada en rocío.
Allá afuera el mundo seguía girando,
pero todo se detuvo para nosotros.

Entregados, anudando el lazo
que hizo que el tiempo dejara de correr,
que la gente desapareciera,
que los pájaros silenciaran ante el sonido de tu respiración calma
y que todo se detuviera para nosotros.

Y aunque fuera ese el último instante de paz,
hubiera pagado por la vida misma,
porque no hay sensación más sublime
que encontrar a aquel que hace que todo se detenga.

Más que personas

Conseguite un buen grupo de amigos.
Lo vas a saber porque serán ellos los que te hagan sentir cómodo en todo momento. Vas a saber quienes son, cuando te hayas dado cuenta de que la ausencia de cada uno se marca perfectamente en un vacío... "Che, falta algo acá". Son los chistes de ése, son las anécdotas de aquel...
Vas a estar esperando durante toda la semana a que llegue el momento de verlos y cuando lo hagas, vas a ser vos mismo desde el "hola" hasta el "adiós".
Ellos te van a acompañar, escuchar y entender, pero no los juzgues si alguna vez faltan en la necesidad, todos somos humanos y tenemos problemas, obligaciones y tiempos distintos.

Si, yo los encontré. Los encontré ahí donde la música invita a sonreír. Estaban donde menos lo esperaba y eran como jamás los imaginé.
Una vez pensé: "No son ellos, no pueden ser ellos"... y a la semana, había caído en la cuenta de que los ansiaba, los quería y me eran algo tan interesante y hermoso...
Ahora me dedico a disfrutarlos. Te lo deseo a vos.

También me enamoré de alguien... y ese alguien llegó junto a ese lindo grupo de amigos.
Aunque el primer beso fue digno de una novela de Danielle Steel, no lo supe en ese instante. No lo supe aunque cada vez que nos veíamos, parecía una aventura de Antonia Michaelis... y tampoco me di cuenta de que cada conversación nos llevaba a conclusiones similares a las de algunas obras de Robert Fisher.
Estábamos escritos con otra pluma. Una nueva.
Lo comprendí luego de leernos en ese manuscrito nuevo. No es el idealista Francisco Leal, tampoco el disparatado Quijote, mucho menos un perspicaz Hércules Poirot. Sin pinta de héroe con armadura ni rebelde estrella de rock, sin el porte de un Caballero de la Mesa Redonda ni las precisas respuestas del Oráculo.
No, es muchísimo mejor. Un personaje que se escribe y reescribe incesantemente. Un Humano entre siete mil millones, en un lapso de tiempo en constante cambio.
Es ése y no otro. Es la cara que uno busca en la multitud, la presencia que uno anhela en la soledad. El personaje que jamás fue escrito, porque es parte de una espontaneidad pulcra, demasiado azarosa para apuntarla en mis papeles.
Me enamoré de él, porque me gusta escribir. Me enamoré de él, porque él no estaba escrito. Y me enamoré de él... porque cada día, sin pensarlo, lo escribo y reescribo como mío. Me adueñé de los derechos de su naturaleza ficticia, no así de la real.
Algún día, distraído y en busca de lectura, él va a tomar mi texto. Algún día, paciente y determinado, él finalmente se va a leer como yo lo leo hoy. Y será ese el día en el que comprenda por qué fue suyo ese rostro que yo buscaba en la multitud... por qué fue suya la presencia que yo anhelaba en la soledad... por qué jamás necesitó ser un Quijote, un Leal ni un Poirot, para cautivar mi más profundo interés por ese personaje que se reinventa a cada minuto.
Y es así como mi protagonista se roba este espacio y lo hace suyo. Es así como cada noche apago la luz pensando en lo maravilloso del misterio, pensando en que el Maktub cae rendido cada vez que él abre la boca.

Y es así como te lo deseo a vos también.
Recordá que todas las personas que te rodean, son mucho más que solo personas. Cada una de ellas es una historia, cada una de ellas es una emoción, un sentimiento, un frasco nómada de ideas y acciones increíbles... uno en siete mil millones.

Y jamás olvides que vos también lo sos.
Gracias por leerme hoy.

¿Será que es... o que pasa por pasar?

¿Creés en las casualidades?

El 17 siempre ha sido mi preferido. Aún sabiendo que el representante de "la desgracia" cumple como aniversario de fallecimiento de mi abuelo (17/08/2009) y mi hermana (17/12/2009), ese número me ha acompañado durante toda mi vida como un indicio de cosas positivas.

Igual, yo no creo en las casualidades. Todo es consecuencia de los actos propios y de los demás Seres Humanos... estamos afectando todo constantemente.
Afectar es lindo, siempre que sea pro bono público y a conciencia.

Esta tarde llovió mucho. Por alguna u otra razón, siempre que el cielo lloraba, yo estaba adentro del colectivo, abajo del techo de la garita o adentro de la facultad.
A la vuelta, me subí al Fluviales y ya no habían más asientos disponibles. Estaba un poco cansada, pero ya es una costumbre eso de viajar parada.
Un señor se bajó en la primera parada de la entrada a Paraná y no me resistí... tomé su asiento. Me recosté y cerré los ojos para descansar hasta que llegáramos a la terminal.

Abrí los ojos dos cuadras antes, para encontrarme con una sorpresa: mi nombre escrito al revés en el asiento de adelante. No era fibrón ni tiza, tampoco un resaltador. Las letras estaban perfectas, como si hubiera sido escrito de izquierda a derecha y luego espejado en la cuerina.

¿El número de asiento en el que me senté? ... creo que todos lo sabemos.



Y para colmo, todo cambió


Y para colmo, todo cambió.
Teníamos televisores, pero también una paciencia terrible.
Hoy elegimos lo que queremos ver, cuándo lo queremos ver y cómo lo queremos ver. Elegimos si las pantallas dominan nuestros días o son enemigas del aire libre. No lo son... ellas no desparecen ante la presencia del sol.
¿Nunca viste esas reunioncitas espontáneas de amigos en la calle?
Cuando se encuentran por casualidad, en vez de charlarse con atención, tienen la mirada hacia el suelo. No llega al suelo, la detiene la pantalla de sus celulares que hoy conectan con todo y todos.

¿Qué pasó?
Mirarse a los ojos es demasiado mainstream. Los "retrasados tecnológicos" cabalgamos sobre el indómito bagual de la paciencia hacia los distraídos "pantalleros". Mirame, que te estoy hablando.

No sabría si denominarlo "falta de respeto", porque también incluiría a los lentes de sol en las juntadas vespertinas.
No detesto las pantallas. Inclusive, una de ellas es mi medio de trabajo y expresión, como estarás leyendo.
Lo que realmente me incomoda, es la pérdida de la mirada de las personas. Antes me decían todo con los ojos... hoy lo único que dicen es: "Me llegó un mensaje".

 No me extraña que la gente se acostumbre a escribir sus sentimientos en una pantalla.
Yo he recibido más "te quiero" virtualmente escritos que personalmente dichos. Y no, por más que la red social tenga nuestro nombre, apellido, gustos y expresiones, no es algo personal. Personal es pararte adelante mío y sonreírme un "te quiero" sin necesidad de que tu cara se transforme en un insípido emoticón trillado.

Ojo, me gusta, me entretiene y me cede la porción de ocio necesaria para que la obligación no se vuelva tan tediosa... pero basta, un poquito de basta.
Basta, no de todo, pero de las exageraciones.

He escuchado historias de enamorados, cuyo primer "te quiero" ha quedado registrado entre los mensajes de la computadora. Histriónico. Casi un cinismo involuntario, diría. Víctimas de la corrupción de la comunicación, que se embarcó en la búsqueda incansable de incomunicarnos desde el momento en el que nos mintió con su nombre. 
 Triste, hasta para la reciprocidad de uno de los sentimientos más maravillosos del mundo, que debería ser motivo de fiestas aún más grandes y consecutivas que la del 14 de febrero.

Yo tengo a mi alrededor personas capaces de brindarte palabras de afecto sin necesitar una pantalla, pero también tengo otras que sienten que la única manera de vencer la incomodidad de enfrentar sus luchas, es esconderse tras las insulsas, escuálidas e inexpresivas palabruchas virtuales.

Hace algunos días que desconozco el paradero de mi teléfono celular. Es lindo no tenerlo conmigo.

Gracias por leerme.