La calma

Me miraste a los ojos, me contaste una historia
y todo se detuvo para nosotros.

Aunque el tiempo pasaba
y los amigos reían a carcajadas
detrás de la puerta,
ya nada existía alrededor.

Tu respiración en mi oído,
el cálido manto de tu cuerpo cubriéndome
y quietud... pues todo se detuvo para nosotros.

El reloj goteaba los untuosos segundos
que separaban la culpa de la expiación.
El silencio derogaba al pecado,
litigando con la razón ya muerta.

Los pájaros cantaban con fuerza,
hubo una flor empapada en rocío.
Allá afuera el mundo seguía girando,
pero todo se detuvo para nosotros.

Entregados, anudando el lazo
que hizo que el tiempo dejara de correr,
que la gente desapareciera,
que los pájaros silenciaran ante el sonido de tu respiración calma
y que todo se detuviera para nosotros.

Y aunque fuera ese el último instante de paz,
hubiera pagado por la vida misma,
porque no hay sensación más sublime
que encontrar a aquel que hace que todo se detenga.

No hay comentarios:

Publicar un comentario