A mi compañero

Sabés que estás enamorado, cuando no sabés por qué estás enamorado.

Todavía, diez meses después, sigo sintiendo esa emoción de ver tu cara entre la gente. De esperarte en las juntadas, de preguntar por vos medio disimulada (no se vaya a pensar que te buscaba).
Sigo sintiendo ese cosquilleo en la panza cuando sin querer rozábamos. Sigo sintiendo en cada beso ese mareo, ese momentito de perder la razón que te da el primero.
Diez meses después sigo gritando finito cuando me decís algo lindo, sigo sintiendo esos espasmos en el pecho cuando te veo, sigo girando en la cama antes de dormir, recordando todo lo que hablamos durante el día... sigo contando las horas que faltan para verte.
Hasta sonrío veinte metros antes de estar frente a vos, cuando aparecés en la puerta de casa.
Sigo viéndote igual de atractivo, divertido y dulce que aquel noviembre del 2011, cuando sólo éramos "amigos de un amigo" y nos creíamos demasiado diferentes para enamorarnos.

Se nos habrían reído de no ser porque nos encontraron en pleno cruce de miradas, tan transparentes que hasta el más despistado se hubiera dado cuenta de que nos ardía el pecho por abrazarnos tranquilos, sin ocultarnos de nadie.
Diez meses después, todo se siente como la primera vez. Tan emocionante, tan misterioso y fuerte.
Ahora no solo somos un par de tortolillos, sino también muy buenos amigos.

No me lo imagino de otra manera, todo es como quiero que sea.
Yo te quiero, negro... y te quiero de una manera muy linda, desde el corazón, que se ramifica a todo el cuerpo. Te quiero con cada nervio, con cada arritmia, con cada contracción muscular, con cada analogía extraña sobre anatomía y patologías jaja.
No, era joda, pero lo que va enserio soy yo... con vos.

Ojalá el tiempo nos siga acompañando de la misma manera y tenga conmigo a mi amigo, mi compañero, mi chico... porque todo es más divertido cuando estás cerca.
Y si no (por alguna de esas mañas feas del destino), aún así me llevo un montón de recuerdos cargadísimos de energía y un buen puñado de enseñanzas para aplicar en mi vida.
No te prometo nada, porque no manejo el futuro. Pero hoy, en este mismo momento, te estoy queriendo con toda la fuerza y la alegría que me da este "nosotros" tan lindo.

Gracias por todo, pequeño padawan.

300 días con él.

"Es una necesidad.
Más que una necesidad, es un vacío, como una extensión del propio ser.
Es torpe, como si no supiera andar sin una mano de apoyo, como si no supiera respaldarse en nada más que un pecho firme, como si no supiera, quizá, subsistir sin el refugio de un par de brazos.
Inútil, como intentar respirar sin oxígeno.
Es absurdo, no saber explicarlo resulta ser lo más detallado, el silencio resulta ser mucho más manifiesto."


Había estado presa de una atracción que podría haberle resultado en desastre. Quizá fuera porque los ojos de aquel chico fijaban en otra figura, una muy diferente a la suya. Jamás había bajado los brazos... hasta ese momento.

Hacía frío. Los juegos inocentes se abrazaban con la noche simbólica de la amistad, mas en ese aire helado existía algo más. Convivía con el ardor de muchos corazones, que quizá lo hicieron aún más fuerte.
Estaba ya resignada a adueñarse de su cariño, jamás lo lograría.
Pasó horas frente al espejo... se puso un lindo vestido, se ató el cabello, se maquilló y se puso aros... por primera vez en mucho tiempo. Era el anhelo de la última oportunidad de que esos ojos tan distantes al fin devoraran su imagen, se apropiaran de ella, la hicieran suya.
Quizá entre tantos juegos y risas, ella pudo ver un atisbo de ansiedad en él. No, no podía ser. Él ya le había confesado que estaba por alguien más. Alguien que no era ella.
Eso había pasado hace mucho, pero el sentimiento aún vivía dentro de ese frágil corazón de niña.

No era una historia de amor. Y si lo era, no le pertenecía a ella.

Después de tanto alboroto, de tantos gritos y música fuerte, ella huyó a una habitación para encontrar algo de paz. Estaba perturbada por las sensaciones que él le producía. Estaba despechada por el rechazo que él le había entregado, aún sin saber que ella moría por el roce de su piel.
Hubo dos o tres entradas. Personajes conocidos, personajes queridos. Se preguntaban si ella estaba bien, pero yacía en una cómoda cama en la que estaba empezando a conciliar el sueño, alucinando la voz de él... que la saludaba desde lo oscuro de ese cuarto...
Se despertó repentinamente. La atmósfera había cambiado, podía notarlo.
Su cuerpo se estremeció, como si anticipara la llegada de una caricia certera. Él estaba ahí, sentado a los pies de la cama.
Aunque lo suficientemente lejos para sentirlo, ella tenía calor. El calor de lo insoportable que resulta la distancia cuando se desea algo.

- Contame un cuento, para que pueda dormir.- dijo ella, entre risas.
- Bien, había una vez un lobo medio confundido. Vivía muy tranquilo acechando a una caperucita...
- ¿Y que pasó?
- ... apareció otra caperucita en su camino. Una distinta, una que no se parecía a ninguna otra en el mundo. Una muy linda, que lo ponía un poco inquieto. El lobo no sabe qué hacer, porque no tiene muy en claro si esta caperucita lo quiere cerca.
Él hizo un silencio que a ella le pareció eterno.
- ¿Cómo continúa la historia? ¡Quiero saber! - Exclamó ella, impaciente.
Él se acercó hasta cubrirla con la mitad de su cuerpo. Su respiración se sentía en la mejilla de ella. Aunque no pudiese verlo, lo sentía cerca y eso era suficiente para que el deseo le quemara la piel. El anhelo se volvió aún más fuerte e insoportable.
Sus brazos hacían peso alrededor de ella en la cama, se sentía nuevamente presa, pero esta vez deseaba estar cautiva. Se sentía protegida, como si él la estuviera reclamando entre otros hombres, como debía ser, como ella quería que fuera.
Entre la oscuridad de esas cuatro paredes que los abrigaban del invierno, él dejó su jadeo casi imperceptible y acercándose lentamente, susurró:
- Depende de cómo quieras que continúe.
De repente todo desapareció. Ella sintió la calidez de esos labios que tanto había ambicionado. La caricia fue más que agradable, la hizo viajar en un torbellino de sensaciones, mareada, sin conocimiento de nada más que eso que acababa de descubrir.
Todos sus sentidos estaban enfocados en ese beso tan esperado, que hacía tan solo unos minutos le resultaba imposible... y ahora estaba ahí... sacudiéndola, invadiendo cada centímetro de su ser.
Se sintió volar cuando la mano de él le sostuvo el rostro, demandando más y más.
Pareciera que ese frágil corazón de niña iba a escapársele del pecho. Se iba a desprender con violencia de ella para unirse al de él.
Después de ese universo en el que sólo existían ellos dos, no había nada más. Ni los gritos de alegría detrás de las paredes, ni la música a todo volúmen... oscuridad, calor y dos vidas unidas en una.
- No sabés las ganas que tenía de hacer eso.- concluyó él, con la respiración entrecortada y un calor nuevo. Uno que lo obligó a abrazarla, para no perder la cordura de un solo tirón.
Era algo clandestino, algo que no debía conocerse. Ese sería su secreto...

... pero como todos sabemos, algo tan caprichoso como el amor no se puede ocultar por mucho tiempo. Un mes más tarde, cayeron rendidos en la tentación y en un descuido, fueron descubiertos besándose con la intensidad de la primera vez.
La sorpresa impresa en la cara de los amigos solo confirmó lo inevitable: la aventura recién había comenzado.


Y ese, amigos míos, es el inicio de mi propio cuento de hadas.
Bueno, quizá no solo hadas, tal vez también haya un poco de elfos, orcos, poporis, humanoides, pet partners, magos, duendes, dragones, músicos, amigos medio locos y... bueno, creo que se entendió.

Gracias por tantos despojos de aliento, amor mío.

No andes sola por la calle

El día había sido pesado, tanto para mí como para mi hermana Sofía, pero por fin era viernes. Los chicos de la facultad habían organizado una fiesta de fin de año e íbamos a ir las dos. A último momento, Sofi recibió un mensaje de su novio y terminé maquillándome sola en el baño.
Las remiseras estaban atestadas de llamados, como todos los fines de semana en diciembre. "No me queda otra", pensé. Me puse a caminar despacio, esperando que en algún momento un coche se desocupara y me llevara al salón. Para mi suerte, lo encontré a mitad de camino.
Le di las indicaciones al chofer y me recosté en el asiento, sumida en mis pensamientos, haciendo un resumen de lo fantástico que había sido el año.
Sentí que el hombre se había desviado del trayecto, pero calculé que estaba buscando un atajo para evitar el tránsito. Frenó en una esquina, saludó a un amigo que estaba sentado en la parada de colectivos y siguió.
Cuando llegamos al lugar donde se estaba dando la fiesta, me cobró mucho menos de lo que indicaba la máquina, alegando "por la desviación". Confieso que me alegré un poco por ello.

Entré al salón, saludé a mis compañeros y me puse a conversar con algunas de las chicas del grupo. Vi a un muchacho recorriendo a gran velocidad la distancia que nos separaba. No alcancé a verle la cara, pero esperaba que fuera Manu, con quien estaba saliendo desde hacía cuatro meses. ¡Dios!, que me estaba enamorando de ese chico. Lo veía en todos lados. Por supuesto, otra vez no era él.
Interrumpió, me pidió un tiempo a solas y me fui con él a un apartado bastante silencioso.
- ¿Qué pasa? - Pregunté.
- Tu hermana se descompensó, me acaba de llamar el novio.
- ¿Vos sos amigo de alguno de los dos?
- Si, doy una materia con ella.
Sin dudar un segundo, salí a zancadas y tomé un remis. ¡Vaya casualidad!, el mismo chofer de la ida.
"Siempre nos quedamos en la puerta, por si alguien decide irse más temprano. Es una estrategia del servicio", me comentó. La verdad es que no le presté demasiada atención, por la preocupación que llevaba encima.
El hombre tomó el mismo camino que a la ida y volvió a frenarse en aquella esquina, donde saludó a su amigo. Mientras tanto, marqué el número de Santiago, el novio de Sofía, para preguntarle qué había pasado. Noté que me contestó medio dormido y lo único que pude escuchar antes de desmayarme, fue "Sofi está acá, durmiendo".

Me desperté con una sensación extraña en mi cuerpo. Tenía las manos atadas en la espalda y una venda cubría mis ojos. Cuando reaccioné sobre esto, la desesperación fue inminente. Grité, pataleé, pero no hubo caso.
Escuché el ruido de un par de tacones inundando la habitación. El eco era insoportable.
- Buenas noches, bella durmiente.- La voz de una mujer.
- ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? ¡Dejame ir!
A la misteriosa dama se le incorporó un hombre.
- Martina Lugano, veinte años. Tiene una hermana, Sofía Lugano, de veintidós años, en pareja con Santiago Martínez. Vive en Rivadavia al 500, con su madre, María Saccher, ama de casa, y su padre, Juan Alberto Lugano, trabaja en el Banco Santander en Buenos Aires al 1500. Van al club Luján dos veces por semana, sábado al mediodía y domingo a la tarde. Sofía y Martina asisten a la Universidad Nacional, con sede en La Rioja al 200. No frecuentan otros lugares, solo salidas espontáneas.
- Gracias. Retirate. - contestó la mujer.
La puerta se azotó tras la salida del muchacho. Se escuchó un ruido de hojas de cuaderno, como de alguien revisando algo pasado por alto. A esta altura, las lágrimas me ahogaban y seguía sorprendida por la cantidad de datos precisos que el hombre había cantado frente a nosotras.
Pensé en Manu. Pensé en cada una de las caricias de ese chico que se robaba todos mis suspiros. Pensé en cómo él entraría, golpearía a todos los captores y me llevaría de regreso a casa. Y en él pensé hasta el borde de la angustia, sabiendo que no iba a ser él el primero en tocarme... la persona por la que había esperado tanto tiempo.
La habitación volvió a inundarse con el sonido de pasos. Alguien me agarró por la citura, inmovilizándome, y me cubrió la boca con su mano. Quise gritar, pero entonces sentí una aguja penetrando mi brazo izquierdo y depositando una molestia helada en mi sangre.

Durante los siguientes tres días, Martina viajó adormilada en una camioneta con rumbo a la frontera del país. Su cara llenaba las paredes de la ciudad, con una leyenda describiendo cómo estaba vestida y a dónde había ido la noche de su desaparición.
Los políticos hacían campañas con su rostro, bajo el estandarte "ni una Martina más", aún sabiendo que todo pudo haber sido enmendado con la revisión de vehículos que cruzaban la frontera, con operativos policiales y medidas de seguridad más ajustadas.
Los noticieros hablaron de su caso durante tres meses y luego hubo silencio... y el llanto de una familia destrozada. Nadie en la facultad volvió a hablar de ella.


Por más que escribiera que Martina fue hallada con vida, esta historia no tendría un final feliz y usted, mi lector, no tendría paz. No existe un final feliz para los millones de casos de personas secuestradas durante la democracia, ni para aquellos que pierden un hermano o una hermana, un padre o una madre, un hijo, un amigo...
Cuando una víctima es encontrada viva todos sonríen, pero aún así, las cenizas del horror siguen en su mente. Nadie puede escapar a las secuelas de la privación de un derecho y mucho menos cuando el dolor ha sido tan fuerte.
Aunque Martina hubiera vuelto, ya no podría haberle dado su amor a Manu, ya no podría haber seguido estudiando como lo hacía antes, ni tratado a su familia de la misma manera. Ya no hubiera comido ni dormido bien, ni hubiera podido relacionarse con personas nuevas o salir a la calle tranquila. Martina estuvo destrozada desde el momento en el que subió al remis.

Es lamentable, pero Martina nunca fue ficción.
Cuidá a los que tenés a tu alrededor. El único héroe que existe, es la prevención.

Todo está conectado

Hay algo muy extraño en el modus operandi de la vita nostra.
Resulta que un día pienso en alguien que hace años que no veo y ¡pum!, de la nada me lo vuelvo a encontrar. Está buenísimo cuando es alguien que extraño.

Las personas mutan. Las personas están en constante cambio.
Son estos cambios los que hacen que a veces nos separemos o nos unamos. Cada quién tiene su momento y cuando dos momentos encuentran una cierta cantidad de puntos coincidentes, surge la afinidad, la cercanía.
A veces nos alejamos de un amigo durante mucho tiempo, pero siempre existe la posibilidad de que nuestros cambios nos reencuentren.
Nunca hay que guardar rencor. Una persona que conociste hace cinco minutos, en este exacto segundo ya no es la misma. Metamorfosis continua, ese es el problema que nos aqueja tanto.

Aprendemos a nuestro ritmo, nuestros gustos van variando, nuestra personalidad se va modificando con cada piedra en el camino. Gracias a ello, nunca nos aburrimos de existir. 
Por desgracia, muchos piensan que esos cambios son desfavorables. Y sí, cada vez que pienso en un amigo que hace meses que no veo, me pongo triste. La realidad es que ambos sufrimos algún tipo de alteración en nuestra vida que nos cambió la inclinación.
Hoy puedo no estar tan pegada a vos, pero quizá en otro momento nuestra metamorfosis nos una y viceversa.

A veces es mejor aceptar que el mundo entero está conectado y conspira en silencio para que todos logremos una meta. Lo importante es proponérselo con toda la fuerza de voluntad posible.
Todos tenemos el poder de "hacer suceder". Podemos forzar de alguna -buena- manera el futuro de las cosas. Lo incierto es lo más atractivo.
¿Qué puede ser mejor que algo que no sabemos cómo va a ser? Por ahí imaginamos el futuro de una linda manera y gracias a eso, tendemos a forzar que suceda así. A veces lo imaginamos de una forma terrible, catastrófica... y luchamos por cambiarlo.
Sin darnos cuenta, estamos construyendo un camino en base a la proyección y, por supuesto, de la creencia de esta proyección de una realidad posterior.

La cruda es que nosotros lo manejamos. No está escrito. Nunca estuvo escrito. Hay medios y existe la capacidad de manipularlos a nuestro favor.
De última, si las cosas no salen como lo pensabas, debe haber una razón momentáneamente oculta que te puede llegar a deparar algo distinto o hasta mucho mejor. Tiempo al tiempo.

Cada mañana hay una pregunta que la vida te hace y vos respondés. Es algo que hacemos desde el nacimiento, por lo tanto, no te das cuenta por estar acostumbrado.
La pregunta es simple: ¿Hoy querés sonreír o fruncir el ceño? 
Si elegís sonreír, tenés que sonreír hasta que el ceño fruncido de los demás desaparezca... es un laburo jodido, pero no imposible. Si contagiás tu sonrisa a cada persona enojada, eso se va a expandir hasta que tu entorno logre un ambiente pacífico y amigable para que tu día sea brillante.

La clave de que un día sea genial es el optimismo. Si te fue mal en una, seguí sonriendo. Si te dejás sobrepasar por esa mala, entonces un campo magnético de mal humor te va a rodear y todo lo que hagas después te va a parecer caótico e insoportable. Sin contar de que se te pega todo lo malo como un tatuaje de chicle que después te querés sacar y te tira los pelitos. 

Seguramente te pasó: desaprobaste un examen, perdiste la sonrisa. Después resulta que una mínima actitud negativa de otra persona hizo crecer tu mal humor... y después la cola del banco es inaguantable, tu amigo se vuelve enemigo, tu mamá es molesta, tenés que trabajar y se estudia un cuarto de la vida para trabajar dos cuartos y morir en el último y... y... y ... y todo es una porquería porque dejaste que creciera el mal humor en vos.

En fin, creo que expliqué de más. 
Llenate de optimismo.
Gracias por leerme hoy.

Un cortado con azúcar

A veces hay que abstenerse.
Hay un momento para tomar decisiones y siempre hay que considerar que todas ellas van a cambiar nuestro entorno de alguna manera. Todo lo que pasó antes fue aprendizaje, todo lo que pasará después será consecuencia. El ciclo se repite constantemente.
Las consecuencias se pueden remediar, mas desear un "hubiera sido" resulta vano.

Aprendí que cuando uno se siente incapaz o ha agotado recursos, tiende a negar hasta su propia naturaleza.
Me he sorprendido al escuchar lo que emana la voz de alguien cuando está frustrado. "Igual, yo soy un cero a la izquierda"... "qué más da, si no me da la cabeza para hacerlo".
Nada de eso es real.
Lo único real, lo único verdaderamente nuestro es el ciclo. Aprendí, decidí, sufrí la consecuencia, aprendí...

Los problemas de la vida deberían verse como las Matemáticas. Odio las Matemáticas, pero el recurso aplica: ecuación, resolución, [revisión de errores, corrección]^n*.
En algún momento llegaremos al resultado.





* A la enésima. Todavía no aprendí a hacer superíndices.

Flor de texto

Las relaciones humanas cumplen una sola función: satisfacer nuestra necesidad como Seres sociales. Pero ojo, que la situación no está tan helada.

Nos gestamos durante un período de 7-9 meses unidos a una persona por el cordón umbilical. Cuando nos separamos, se corta ese nexo físico, pero el lazo con la Humanidad sigue intacto. Como su tuviéramos un cordón invisible que nos une al resto de los Seres Humanos y nos liga aún más a los que elegimos como "Seres Queridos".

La verdadera razón de las relaciones reside en el bienestar. Dos personas se unen para compartir, para hacer a la felicidad mutua.
Cuando la relación florece, hay que saber cuidarla. Las raíces de nuestra flor son el amor, el tallo es el compañerismo y los pétalos serían la confianza. Todos sabemos que cuando los pétalos de una flor caen uno a uno, la pobrecita se vuelve fea.
Para sostener estos pétalos, hacen falta acciones. El cáliz de nuestra flor son las acciones.

Entonces ahora tenemos tres sujetos: dos personas y una flor. Es tarea de los dos elegir cuidar un cardo o una orquídea.

Ustedes sabrán cuidar sus flores a su manera, no soy quién para proponer una doctrina... pero quizá esto sirva:
No debemos pelear por el curso del viento, sino debatir sobre la posición en la que nos conviene apuntar nuestra vela, para que el barco nos lleve a tierra sanos y salvos.

Recuerden que el amor es una recompensa: debemos saber ganarlo, cuidarlo, valorarlo y retribuirlo.

Espero tengan un jardín repleto de vida y color, mas nunca lo dejen marchitar.
Gracias por leerme.

Pesadilla


Ya me pasó antes y no se por qué lo sueño.
Estoy tranquila, haciendo mis cosas. Me encuentro amigos, todo transcurre muy bien y el Universo en el que estoy es idéntico al real, al que ocupamos en este momento.
Vuelvo a la réplica onírica  de mi departamento, ceno con mi familia perfectamente representada (ningún truco, todo el tiempo siento que estoy despierta) y me voy a dormir.
Cuando llego a mi cuarto, empiezan a pasar cosas raras. No les doy pelota, porque son casi nimiedades... cosas como que se cae un muñeco o se cierra la puerta con la brisa del ventilador. Cosas mundanas.
Me acuesto en mi cama onírica y las cosas se ponen muy hardcore. MUY hardcore. No me llego a dormir, pero la luz está apagada. Las puertas se azotan con fuerza, las cosas se mueven y corro a la pieza de mamá y papá, a buscar a los primeros protectores. Evidentemente es un día entre semana, porque papá no está en casa.
Trato de gritar, pero calmada, cosa de que sea lo que sea que esté allá afuera, no me escuche nerviosa.
Cuando mamá se despierta, las cosas aflojan... no son tan alevosas  pero por lo menos se mantienen el tiempo suficiente como para que mi familia me crea.
Mamá me dice: "Siempre te pasa esto en el verano" y no le erra... la versión onírica de Alicia se refiere a anteriores sueños idénticos a este: una suerte de poltergeist obsesionado conmigo.

Los que han tenido pesadillas realmente aterradoras, por las que se han levantado con la peor angustia en el pecho, me van a entender de lo que hablo.

Bien, pasa todo un día más o menos tranqui y llega la noche. A la hora de comer, nos estamos sentando a la mesa y yo constantemente siento algo que me toca los hombros y me tironea mechones de pelo. Bien, mientras más lo niegue y lo ignore, menos va a existir.
Ahora está mi papá en casa (giro típico en un sueño, personas que aparecen y desaparecen rompiendo la lógica de la trama). Se están por ir a dormir y le ruego que me deje dormir con mamá. La desesperación, el pánico y las ganas de llorar eran muy intensos.
En la pieza todo se puso peor... los cuadros se movían, las puertas se azotaban, la ventana se rompió, volaban cosas de un lado al otro. Yo empecé a gritar que ya no quería vivir... el terror de esa situación es peor que el de la realidad.. ahí sabés que no escapás... o te agarra, o te agarra.

Aparece. Da la cara por primera vez en dos años del mismo sueño.
Es una cosa... a ver cómo lo explico. Es como un gordito con bigotes demasiado tupidos, con mucha cara de hijo de puta. Tiene un ojo de más en la frente, pero no como en las películas, sino deforme y tirado para la derecha. Tiene la piel y el bigote grises, pero usa un traje de colores muy locos, con joyería rara y un bastón.
Me desespero al tenerlo ahí. Está flotando y diciéndome cosas horribles... cosas como que me va a atormentar hasta mi muerte. Agarro una estampita de la Virgen (mirá cuál es la primera reacción: mucho Hollywood) y le toco la cara. Se ríe... la estampita no le hace nada. La agarra, mira la imagen y me dice: "¿Esta? Esta es su 'primera' reina..." está por continuar la frase con algo como "y yo soy..." y lo interrumpo, porque no lo quiero escuchar, gritándole "¡Esa es la UNICA reina!". Se ríe... miro la estampita y la cara de la Virgen y el niño Jesús estaban quemadas. Listo. En ese momento era como que si eso no funcionaba, tampoco iba a servir de nada ocultarme atrás de un mortal.

Salgo corriendo de la pieza de mis viejos y llego a la mía. El televisor se prende de la nada. Él está ahí.
Me empieza a hablar, no recuerdo lo que me dice, pero me aterra. Me muestra imágenes de gente a la que había torturado. Un tipo corriendo mientras vuelan cosas a su alrededor... le pido que pare. Para las imágenes y aparece de nuevo él. Empiezo a llorar y aparece mi abuela atrás... aparentemente ella no ve las imágenes, solo yo las puedo ver... entonces le pregunto: "¿Podés verlo?"... "No", me dice, "pero yo te creo". Le replico: "Sacalos a todos del departamento, yo después te explico lo que estoy viendo".

Le pregunto el nombre y qué quiere conmigo... me dice que se llama "Shikohiba" (no me extraña para nada la locura de que el nombre suene japonés, porque vivo mirando animé). Creo que le pregunté dos veces, porque lo dijo medio bajito, esperando que me acerque a la pantalla.
En un momento es como que está dando una "frase final" y siento que va a salir del televisor, entonces quiero apagarlo. Aprieto el botón y me doy vuelta para correr, pero el sonido sigue, así que vuelvo a enfrentar al aparato y él sigue ahí.
Ya no hay nadie en casa... en ese momento ya lo había perdido todo. No se en qué lugar de mi mente me obligo a despertar...
Todavía estaba somnolienta, así que hice fuerza para levantarme y prender la luz. Si me dormía, iba a volver al sueño.

Fui al comedor, esperando encontrar alguien a quien abrazar... terminó siendo Nika. Le dije algo como "ya pasó, ya estoy acá y acá no me puede hacer nada".
Y acá estoy.

Versos con olor a campo


A principios del 2006 (tenía 12 años, aproximadamente) me fanaticé con el libro "Pai Luchí" y escribí esto. Yo creo que si la Humanidad tiene sus registros de las primeras escrituras, este sería el mío.


Locro en el granero

Prenda la vela, sin preguntar dónde estamos.
Míreme a los ojos, sin ver por dónde caminamos.
Acá está mi mano, la tormenta no es eterna.
¡Upa!, que se nos apagó la vela.
Vuelva a prenderla, que hay apuro.
No se demore, yo lo apresuro.
¿Qué canta el gallo, que no le entiendo nada?
¡A la mierda!, que es la criada.
Nos hace señas desde la puerta,
dice que quiere dejarla abierta.
¡Upa!, que no es saludo de agostero,
vió que le está hablando al casero.
Si no veo mal, eso es una alarma,
¿o el es casero apuntando el arma?.
¡Que lo tiró!, viene sin cara de bueno,
nos quiere bien fuera de este terreno.
Oiga, amigo, prenda la vela,
que este casero viene con la abuela.
Vamos a armarles un buen banquete,
pa' que el casero no nos rete.


El matrimonio de doña Inocencia y don Malicia


- Corra, corra hijo, que no llegamos.
- Pero mamá, ¿a dónde vamos?
- Que se casa doña Inocencia.
- Pero amita, téngame paciencia.
- Doña Inocencia no espera.
- ¿Se casa con la primavera?
- Que no, hijo, es con Don Malicia.
- ¿Y va la señora Avaricia?
- Que anda con gripe la señora.
- ¿Gripe asistirá a la boda?
- Pero no, hijo. Don Gripe se queda en casa.
- ¿Y no le importa si su señora se retrasa?
- Que no. Corra, hijo, que hay mucho por andar.
- Pero, madre, Inocencia puede esperar.
- ¿Para usted, hijo?, la inocencia no espera.
- ¿Cómo que no, má?, si no se casa en primavera.
- Le he dicho que es con Don Malicia.
- ¡Cómo corre la noticia!
- ¡Pero si esa es la pareja!
- Más que pareja, yo diría dispareja.
- Hijo mío, usted no entiende.
- Entiendo, madre, que usted no explica.
- ¿Qué no explico con coherencia? 
- La pareja de Don Malicia y Doña Inocencia.

La razón


Esto es una canción que encontré en un cajón, mientras tiraba papeles... la voy a dejar acá.


La razón del sol es el día,
de mi infinidad, la ironía.
Del día a día,
la razón es mi felicidad.

De mi canto, tu risa es la razón,
de la magia y el arte, la inspiración.
De la amistad, la razón es el amor.

Y si el alma se emociona y grita con pasión,
te aseguro, esa sería mi razón.
Cuando el tiempo cura las heridas, el dolor
se hace chico, porque esa es su razón.

La distancia no anima,
pero la estima se hace más fuerte
cuando la suerte te da el encuentro
que tanto esperás.

El lugar que se adueña
de esa pequeña parte en vos.
Tu razón en la vida quizá
nunca tuvo una razón...

Si el río llega hasta el mar,
nunca tuvo miedo de crecer,
porque nada nos frena
al encontrar nuestro lugar.


La razón del sol es el día,
de mi infinidad, la ironía.
Del día a día,
la razón es mi felicidad....

Acá vas a leer mucho la palabra "Amor"

El Amor es una energía renovable.

Las comidas de mamá, los abrazos de una abuelita, una anécdota de la juventud de papá y la risa de un amigo. Todo es energía que se transmite: se da y se recibe.
El Amor se transmite con los cinco sentidos. Los sentidos son los lazos del Ser Humano con el mundo. Cuando alguno falla o se carece de él desde el nacimiento, los demás se hacen más fuertes para que nunca perdamos nuestro cable a tierra.
Si no estoy demasiado equivocada, puedo concluir que la mayor parte del tiempo estamos dando y recibiendo Amor. Nada fuera de lo cotidiano: el Amor abarca desde una caricia hasta mirar un amanecer, desde el olor de una flor hasta alguna melodía que alguien dejó por ahí, para que el aire se bañe en ella y la propague a lo largo y ancho de su cuerpo etéreo.
Quisiera pensar que el Amor es el motor que está en el centro de la Tierra. Se alimenta de todo lo bueno y lo malo... y mantiene al planeta en esta transmisión constante de energía.
Nadie lo pierde... nadie puede perder el Amor. Está en la carne, está en el agua, en el sol, echa raíces por todos lados y es imposible detenerlo. De todas formas, ¿quién quisiera detener al motor del mundo? Si este mundo es algo maravilloso.
Está en vos, en tu espejo, en tus allegados, en los desconocidos, en el arte... ¿El trabajo de equipo en un deporte o proyecto? Adiviná con qué se sustenta...

Con todo el respeto que las glándulas secretoras de dopamina se merecen, el Amor es energía. Y como todos los seres son energía, quiere decir nada más y nada menos que nosotros somos... exactamente.

Muchas personas tienen un dios. No es un hombre barbudo ni un pelado panzón. Esas son las cosas que uno se imagina cuando dice "dios". El dios de las personas es el Amor representado en una figura y con un nombre específico.
No es mi intención ofender a los religiosos, sino buscar un acuerdo en ese punto. Llamalo Dios, llamalo Hashem, Alá, Anansi, Zeus, Bomazi, Atum, Inti, Odín, Roberto si querés... pero lo que representan todos estos nombres es una misma cosa: la Creación, la maravilla del mundo, el mismísimo Amor del que veníamos hablando.
Los libros están escritos por los humanos, por eso hay tantos problemas. Unos consideraban que era mejor no comer carne de cerdo, otros creían que las vacas eran sagradas y quizá en algún otro libro decía que la pastafrola era diabólica... los libros disienten, se contradicen y contrastan unos con otros. La verdadera razón que los llama a la religión es el Amor. La búsqueda y el gozo de éste.

Así es como este motor ha adoptado formas y nombres, se ha desarrollado, ha crecido y hemos crecido con él. Mientras sepamos que existe, que fehacientemente está ahí, va a seguir renovándose.

No solo es una pareja, un amigo o tus familiares... Amor sos vos mismo, lo que te rodea, lo que te gusta, lo que sentís, lo que te es inevitable como la respiración.

Este motor, inclusive, se representó en las palabras que acabo de escribir como Ser del Amor... y vos ahí, leyéndolas, bajo la misma calidad.

Gracias por hacer que esto funcione.

Sabrina y sus dos gatitos

El otro día hubo una actividad en distintas escuelas, que constaba de grandes leyéndole a los más chiquitos. Mamá me pidió que vaya al jardín de Delfi, pero por una u otra cuestión, no se dio.
Esa tarde escribí un cuentito, que después pensé que sería más apropiado para nosotros, los grandes.
Esto no es al azar, sino una aprendizaje que me tocó experimentar y que me gustaría compartir, por si alguno se siente solito en el papel de alguno de mis personajes y necesita un ratito de comprensión.


 Sabrina y sus dos gatitos

Cuando Sabrina cumplió nueve años, sus padres le regalaron un gatito al que llamó "Bigotes".
En realidad, ella había pedido "una mascota" pensando claramente en un perro. La decepción al ver al pequeño felino con su collarcito celeste... fue terrible.
Durante siete meses, Bigotes la buscaba por toda la casa para jugar, pero ella lo espantaba con un golpe en la cabeza. El minino no entendía por qué su amiga humana no lo quería, pero seguía intentándolo una y otra vez.
Al cabo de mucho tiempo e incesante desdén por parte de la niña, Bigotes entendió que ya no valía la pena seguir anhelando su cariño y se escondió abajo del sofá, para saber si ella aunque sea lo extrañaba un poquito.
La mamá de Sabrina se puso loca. Lo buscó por todos lados y no logró encontrarlo. Entró a la habitación de la muchacha, esperando que estuviera con ella, pero tampoco hubo caso.
Bigotes sufrió el infortunio de escuchar a la niña gritar: "¡Es mejor que se haya perdido ese gato feo!".
Con la cara llena de tristeza y maullando una canción de desamor, el gatito se escapó de la casa y no regresó jamás.

Dos años más tarde, Sabrina le contó a sus padres que extrañaba a Bigotes, así que ellos le regalaron otro gatito, con la condición de que lo cuidara mucho. Lo llamó "Gruñón", por la expresión típica de la raza "Persa".
Gruñón no era como Bigotes. Gruñón era todo lo contrario a Bigotes. Este antipático bicharraco detestaba las caricias, nunca estaba de humor para jugar y siempre la lastimaba con sus garritas.
Cuando Sabrina dormía, Gruñón se escabullía dentro de su habitación y le tironeaba los pelos, le rompía los juguetes y le robaba las pantuflas.
Siguiendo la condición de sus padres y extrañando más que nunca a su anterior amigo, Sabrina siempre abrazaba a Gruñón a pesar de sus ataques... le daba amor, lo alimentaba y lo invitaba a jugar, pero no había caso... este animalito no quería nada de eso.
Ella dejó de intentarlo y, desde ese momento, convivieron sin siquiera mirarse, sintiendo incomodidad en su propia casa, hasta que se olvidaron el uno del otro.



Yo creo que Sabrina entendió al final.
Si te encontraste con un Bigotes alguna vez, lo sabés bien. Cuando alguien te da su cariño incondicional, lo mejor es disfrutarlo y corresponderlo, porque no todos los gatitos del mundo son como Bigotes.
Si somos personas negativas y conflictivas, los Bigotes llegan una vez cada muerte de obispo y nos son enviados para que aprendamos lo que es el amor.
En cambio, si somos seres de luz, llenos de vida y alegría, es más común que atraigamos a esa clase de amistades cariñosas y lindas.

Si alguna vez encontrás un Gruñón, lo mejor es saber que esa clase de gatito no merece el esfuerzo. Aquellos que son amados con intensidad, pero no son capaces de verlo, siempre nos harán sufrir... y nunca debemos someternos al dolor por propia voluntad, porque siempre terminará volviéndonos fríos e insensibles.


A todos los Gruñones del mundo les deseo encontrar la paz en sus corazones... y a todos los Bigotes, no menos que un agradecimiento enorme por ayudarnos a entender que si queremos a alguien, lo mejor es construir un espacio de respeto, apoyo, cariño y bienestar. Ustedes son únicos y le dan combustible a la máquina que mueve al mundo.

Gracias por leerme.

Indicame el camino

(Una trágica historia de amor para aprenderse los tiempos del Modo Indicativo)


Ayer todo fue tan simple y perfecto,
te busqué, me encontraste y coincidimos.
En aquella plaza que nos vio a los mimos,
conocimos lo que ellos llamaron 'afecto'.

Ayer, antes que hoy y mañana,
te hube conquistado con mil rosas,
te hubiste mostrado dichosa,
y hubimos mordido la manzana.

Ayer he estado perfectamente compuesto,
te he regalado un anillo de oro,
me has rechazado diciendo: "tesoro,
lo nuestro no ha sido más que un lindo gesto".

Ayer se volvía imperfecto,
mirabas mi rostro y veías defectos.
Yo sufría tu distancia abyecto,
mas sabía, no valía nada este "lindo gesto".

Hoy te pienso y te extraño callado,
mi vida es tan triste desde aquel adiós.
Sé que no esperas nada de mi lado,
ahora siento que ya no soy dos.

Mañana te volveré a encontrar
seré otra vez tu paz y tu abrigo,
pero mañana será aún más perfecto,
yo me habré casado contigo.

Supe que me diste una condición:
"¿Me querrías aún siendo tan fría?"
Otra vez, vamos a la perfección:
"Te habría amado más todavía".